El mejor de todos los tiempos hincó la rodilla ante Rafael Nadal. Wimbledon era la balanza que decidía el gobierno del tenis del siglo XXI y se inclinó del lado del que aparecía como aspirante para abrir el que puede ser un nuevo período en el planeta tenis. El rey de la arcilla demostró su talento extraterrestre para destronar de La Catedral a Roger Federer en una batalla épica que se prolongó durante más de seis horas sobre la hierba londinense. El balear luchó contra los elementos y alcanzó su sueño con una gesta que bien vale la admiración del All England Club en la final más larga de la historia.
El zurdo de Manacor se impuso 6-4, 6-4, 6-7 (4), 6-7 (8), 9-7 en cuatro horas y 48 minutos de juego frenando la racha de 65 victorias seguidas de Federer sobre césped e impidiendo que extendiera su dominio por sexto año consecutivo en la capital inglesa. Tras el serio aviso de la pasada final y en su tercera irrupción en el encuentro decisivo por inscribir su nombre en 'The Championships', Rafael Nadal hizo gala de todas sus virtudes para entrar en la historia. Y es que la fuerza física y mental del balear dieron aún más valor a su increíble repertorio de golpes en un encuentro marcado por la lluvia y que contenía elementos para convertir en tragedia una puesta en escena espectacular.
El número dos del mundo evidenció que cada vez está más cerca de la cima de la ATP. Ni siquiera la mejor versión de Federer en Wimbledon atemorizó al mejor tenista del año, que se sobrepuso a las interrupciones que tanto le perjudican al perder la continuidad que tanto mejora su juego. Además, Nadal arrinconó al pentacampeón que dio la vuelta a dos sets en contra y podía presumir de un servicio inabordable y una derecha demoledora. Desde el inicio del partido ambos contendientes consolidaron el guión previsto con Nadal imprimiendo intensidad intentando hacerle el partido incómodo a su rival en los intercambios y con Federer acelerando los puntos con su servicio y su portentosa derecha como arma más letal. El mallorquín, que encontró rendimiento a los passings con los que maravilla en tierra, firmó casi la mitad de errores no forzados que su adversario, que rubricó 25 saques directos y 89 golpes ganadores por los 60 del balear y sus seis aces. La declaración de intenciones del mallorquín cobró forma al conseguir el break en el tercer juego y colocarse con 2-1 y un servicio en el que tuvo que salvar una opción de ruptura de su adversario. La fórmula del aspirante dio resultado y el campeón no encontró grietas en la propuesta del isleño. Tras conservar sus saques, el mallorquín logró su primer punto de set en el noveno juego, pero Federer reaccionó y llegó a disponer de una bola de ruptura que terminaría en saco roto. Nadal habilitó intercambios desde su saque dominante para apuntarse la primera manga por 6-4 en 47 minutos de juego.
Federer, que exprimió las repeticiones, se vio contra las cuerdas y reaccionó. Un servicio en blanco del suizo precedió una ruptura que consolidó con autoridad (3-0). La derecha de Federer intimidaba y su segundo juego en blanco al saque evidenciaba sus excelentes prestaciones desde un saque que le permitía subir el 1-4 al electrónico. Sin embargo, sería su último juego del segundo set. Nadal volvió a hacer lo que mejor sabe abriendo ángulos y dando profundidad a sus golpes para alargar los puntos y exigir al suizo. La agresividad del mallorquín al resto le permitió generar dudas al servicio del helvético para poner la directa hacia su primer Wimbledon con un nuevo 6-4 en 46 minutos. Nadal, que dio el susto al mantener unos segundos de suspense tras sufrir un aparatoso resbalón en el tercer juego, defendió hasta seis opciones de break de Federer y dispuso de una triple oportunidad de ruptura en el séptimo juego, pero las dejó escapar. El suizo miró al cielo y éste le ayudó. La lluvia hizo su primera aparición con 5-4 para el mallorquín, que era el siguiente en servir. La hora y veinte minutos en el vestuario no le impidió conservar su servicio y firmar otro en blanco antes de adentrarse en el tie break. El número uno del mundo sacó a relucir su saque y su derecha como diciendo «en mi casa jugamos así» y se apuntó el tercer set con un ace que daba comienzo a un nuevo partido.
Rafael Nadal asimiló el golpe a la perfección y no bajó la guardia, pero Roger Federer se había cargado de confianza para apenas darle opciones.