La UD Ibiza no está dando el nivel. Ni Paco Jémez en las primeras jornadas, ni Miguel Álvarez en estas últimas están consiguiendo sacarle jugo a un equipo que estaba llamado a pelear por el ascenso, pero que está coqueteando con el descenso. La realidad es la que es: no está dando el nivel esperado.
El empate contra el Villarreal B (0-0) es una de las peores imágenes de la temporada, especialmente la primera parte, en la que se vieron completamente superados y solo una gran actuación de Ramón Juan evitó un resultado sonrojante. Tanto fue así que se vio al Miguel Álvarez más sincero en rueda de prensa. No se anduvo con paños calientes: habló de «pasar vergüenza» y de una primera parte «indigna». Tanto que, aunque aseguró tener fuerzas, apuntó a que entendería que lo despidieran.
La realidad es que, si dos técnicos de indudable trayectoria no están siendo capaces de dar con la tecla, quizá la culpa esté en otro sitio. No parece casualidad que prácticamente todos los rivales de los celestes den la sensación de correr más y estar más metidos en los partidos. Los jugadores —no todos— no están dando el nivel que dicen sus nombres y sus sueldos. Y no es la primera vez que pasa. La UD Ibiza lleva varios años tropezando con la misma piedra de contratar futbolistas que vienen de Segunda División cuyos nombres son más grandes que las ganas que tienen de jugar en Ibiza.
Poca presión
Algún exjugador celeste comenta en sus círculos cercanos que en Ibiza se vive bien. Que no hay la presión que se encuentran en ciudades con una mayor tradición futbolística, en las que el jugador, si no da el nivel, termina en el ojo del huracán. Una comodidad que encuentran en la isla y que parece hacer que baje su rendimiento. Es difícil encontrar explicación a por qué unos futbolistas que se presupone que son de los mejores de la categoría se han convertido en algunos de los peores.
Jémez y Álvarez tienen dos formas diferentes de ver el fútbol, dos formas diferentes de trabajar, y ninguna está funcionando. Quizá buscar una tercera tampoco sea la vía. La paciencia en la entidad celeste suele ser pequeña y la realidad es que han pasado muchos más entrenadores por el banquillo celeste que años de vida tiene el club.
Queda una jornada para el parón navideño. Un duelo ante un Alcorcón que tampoco atraviesa su mejor momento y que aventaja a los de Vila en un punto. Una derrota podría hacer que la UD Ibiza cerrase el año en posiciones de descenso, mientras que una victoria les haría escalar unas pocas posiciones, pero no cambiaría demasiado la realidad.
El equipo tiene muchos problemas. Le cuesta generar y no tiene gol. Pero lo segundo viene de lo primero. Las cifras de 12 dianas en 16 encuentros son las de un equipo que tiene que pelear por no perder la categoría. Esa es la realidad. La misma realidad que dice que el playoff está a solo seis puntos, pues la liga está muy apretada. Un playoff que, a día de hoy, dado el nivel, es una utopía.
Para intentar cambiar esa realidad está el mercado de invierno. Unas fechas en las que no es nada fácil reforzarse, pero en las que se viene una revolución en la entidad celeste. Saldrán muchos y llegarán muchos. Todo lo que no sea eso sorprenderá, dado el historial del club. Miguel Álvarez, en rueda de prensa, habla del Brasil del 70 para referirse a su equipo, sabiendo que no tiene sentido decir que necesita un gran número de fichajes. La realidad es que en las oficinas de Can Misses ya hay varios nombres sobre la mesa, aunque todavía no están trascendiendo.