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«La felicidad no es una emoción constante sino más bien la sensación de que nuestra vida tiene sentido»

La célebre divulgadora científica Elsa Punset será la encargada de cerrar este martes el Foro Nacional de Emergencias en Ibiza

La divulgadora Elsa Punset | Foto: R.I.

| Ibiza |

Elsa Punset (Londres, 1964) es, junto al legado de su padre, Eduard Punset, una de las figuras más imporantes de la divulgación científica en nuestro país. Autora de libros que se venden a millares, como Inocencia radical, Brújula para navegantes emocionales o Una mochila para el universo (21 rutas para vivir nuestras emociones), es una de las voces más autorizadas para hablar de emociones, sentimientos y, en definitiva, de todo aquello que nos hace humanos. Su ponencia de este martes, titulada Propuestas para vivir en estos tiempos extraordinarios, forma parte de la clausura del VII Foro Nacional de Emergencias y Problemáticas Sociales, organizado por Emergency Staff, con el apoyo del Ayuntamiento de Santa Eulària y el Consell de Ibiza. Sobre su trabajo, su experiencia y todo lo aprendido por el camino, ha conversado con Periódico de Ibiza y Formentera.

—En los últimos años se habla mucho más de emociones y bienestar. ¿A qué cree que se debe este creciente interés?

—En el siglo XX dedicamos mucho esfuerzo a entender cómo desarrollar buenos hábitos para cuidarnuestra salud física: la alimentación, el ejercicio, el sueño, la prevención de enfermedades. Y eso hasido un avance enorme. Pero en el siglo XXI estamos empezando a comprender algo igual deimportante: la salud mental. Cada vez entendemos mejor que no existe una verdadera separación entre lo físico y lo mental. Loque sentimos influye en nuestro cuerpo, en nuestro sistema inmunológico, en nuestras decisiones yen nuestras relaciones. Y, al mismo tiempo, nuestro cuerpo influye en cómo pensamos y cómo nos sentimos.

En ese sentido es un momento muy interesante: por fin estamos hablando con más naturalidad de la importancia de cuidar también nuestra vida emocional, no solo nuestra salud física. Y eso abre la puerta a una forma mucho más completa de entender el bienestar.

— ¿Por qué es importante aprender a entender y gestionar nuestras emociones en la vida cotidiana?

— Porque no somos solo lo que pensamos, somos sobre todo lo que sentimos. Durante siglos hemos creído que el ser humano era principalmente un ser racional, pero hoy sabemos que pensamiento y emoción están profundamente entrelazados.

En la base de cada pensamiento racional hay una emoción. De hecho, muchas veces primero sentimos y después pensamos. Las emociones orientan nuestra atención, influyen en nuestras decisiones y en cómo interpretamos lo que nos ocurre.

Por eso aprender a reconocer y gestionar nuestras emociones no es algo accesorio: es una forma de entender mejor cómo funcionamos y de vivir con más claridad y libertad.

«Hemos creado un mundo muy veloz para un cerebro que se siente más seguro en entornos más estables»

— Muchas personas sienten que viven bajo presión o estrés constante. ¿Qué cree que está ocurriendo en nuestra forma de vivir?

—En las últimas décadas el ritmo de cambio se ha acelerado muchísimo. Vivimos en un mundo que cambia rápido, que exige respuestas rápidas y que está lleno de estímulos e información constante.

Y nuestro cerebro, en realidad, es muy antiguo. Es un cerebro que evolucionó para detectar posibles amenazas y protegernos. Por eso la rapidez, la incertidumbre y el exceso de estímulos pueden interpretarse fácilmente como señales de alerta.

En otras palabras, hemos creado un mundo muy veloz para un cerebro que se siente más seguro en entornos más estables. Esa tensión explica en parte por qué tantas personas sienten hoy presión o estrés casi permanente.

—¿Hasta qué punto influyen nuestras emociones en las decisiones que tomamos cada día?

—Muchísimo más de lo que creemos. Las emociones son como el filtro a través del cual interpretamos la realidad. Creemos que decidimos de forma racional, pero casi siempre primero sentimos y después justificamos.

«Cuando empezamos a poner nombre a lo que nos pasa, a entender de dónde vienen ciertos patrones, ocurre algo muy liberador»

—En su trabajo de divulgación, ¿qué temas despiertan más interés o preocupación entre la gente?

—Diría que, sobre todo, dos temas. El primero son las relaciones: cómo amar mejor, cómo poner límites, cómo salir de vínculos que nos desgastan. Al final gran parte de nuestro bienestar o de nuestro sufrimiento nace ahí.

Y el segundo tiene que ver con algo que a veces no vemos con claridad: el peso del inconsciente. Muchas de nuestras reacciones, elecciones y miedos están influidos por lo que aprendimos en la infancia y por dinámicas que operan dentro de nosotros sin que seamos plenamente conscientes.

Cuando empezamos a poner nombre a lo que nos pasa, a entender de dónde vienen ciertos patrones, ocurre algo muy liberador. Es como encender una luz en una habitación en la que llevábamos años moviéndonos a oscuras. Y creo que muchas personas intuyen que ahí hay una llave importante para vivir con más libertad.

—¿Cree que a día de hoy hablamos más abiertamente de nuestras emociones que hace unos años?

—Sí, y eso es muy positivo. Durante mucho tiempo hablar de emociones se veía como una señal de debilidad. Hoy sabemos que reconocer lo que sentimos es una forma de inteligencia y también de cuidado personal.

«Sentirnos acompañados, escuchados y conectados con otros seres humanos es uno de los pilares más sólidos del bienestar»

—¿Qué papel juegan las relaciones personales en nuestro bienestar emocional?

—Un papel fundamental. Somos seres profundamente sociales, y la calidad de nuestras relaciones influye enormemente en nuestra salud y en nuestra felicidad.

De hecho, la ciencia lo confirma con bastante claridad. Uno de los estudios más largos sobre bienestar humano, el estudio de Harvard sobre desarrollo adulto, que lleva más de 80 años siguiendo la vida de cientos de personas, muestra algo muy claro: lo que más protege nuestra salud física y mental no es la fama, ni el dinero, ni el éxito profesional, sino la calidad de nuestras relaciones.

Sentirnos acompañados, escuchados y conectados con otros seres humanos es uno de los pilares más sólidos del bienestar.

—¿Qué importancia tiene aprender a escucharnos a nosotros mismos en una sociedad tan acelerada?

—Escucharse es casi un acto de resistencia hoy en día. Vivimos sometidos a una sobrecarga constante de estímulos, información, opiniones y expectativas que compiten por nuestra atención. En medio de ese ruido es muy fácil perder el contacto con lo que realmente sentimos o necesitamos.

Por eso la soledad —la soledad elegida, no el aislamiento— es tan importante. Es el espacio donde podemos volver a escucharnos. En mi último libro, Alas para volar, dedico precisamente un capítulo entero a este tema, titulado «Ama tu soledad», porque creo que necesitamos reconciliarnos con esos momentos en los que estamos a solas con nosotros mismos.

No es un lujo ni una rareza: es un espacio de claridad. Cuando aprendemos a estar bien con nuestra propia compañía, entendemos mejor quiénes somos, qué queremos y hacia dónde queremos ir. Y desde ahí también nos relacionamos mejor con los demás.

«Si aprendemos desde pequeños a poner nombre a lo que sentimos y a entender lo que sienten los demás, construimos personas más equilibradas y sociedades también más humanas»

—¿Cómo cree que la sociedad puede llegar a entender mejor sobre las emociones?

—Integrándolas en la educación. Igual que enseñamos matemáticas o idiomas, deberíamos enseñar a reconocer emociones, a manejar el estrés o a resolver conflictos. Si aprendemos desde pequeños a poner nombre a lo que sentimos y a entender lo que sienten los demás, construimos personas más equilibradas y sociedades también más humanas.

—A lo largo de su trayectoria, ¿qué ha aprendido sobre lo que realmente nos ayuda a vivir mejor?

— He aprendido algo que a veces olvidamos: que somos parte de la naturaleza. Durante mucho tiempo los humanos hemos vivido como si estuviéramos separados del resto de la vida, pero en realidad nuestro bienestar físico y emocional está profundamente ligado a esa conexión.

Cuando recuperamos el contacto con la naturaleza —con los ritmos naturales, con otros seres vivos, con los espacios verdes— muchas personas sienten que algo se recoloca por dentro, que la vida vuelve a tener sentido y equilibrio. Por eso he creado la Fundación Punset Terraviva, para tender puentes entre la naturaleza y el bienestar humano.

—¿Qué mensaje le gustaría transmitir a quienes buscan mejorar su bienestar emocional?

—A menudo pensamos que, porque estamos rodeados de información y conocimiento, eso ya debería bastar para cambiar nuestra vida. Pero la realidad es que el conocimiento por sí solo no cambia el comportamiento. Lo que realmente transforma nuestra vida son los hábitos.

Si quieres cambiar algo en tu vida, mira tus hábitos: cómo hablas, en qué pensamientos te recreas, cómo juzgas a los demás, cuánto te mueves, cómo te alimentas, cómo te relacionas con las personas que te rodean. Al final no cambiamos porque sabemos más, cambiamos cuando cambian nuestros hábitos. Y eso, naturalmente, exige esfuerzo y disciplina.

«La felicidad no es una emoción constante ni una vida sin problemas, es más bien la sensación de que nuestra vida tiene sentido»

—El 20 de marzo es el Día de la Felicidad, ¿qué es la felicidad y cómo se consigue?

—La felicidad no es una emoción constante ni una vida sin problemas. Es más bien la sensación de que nuestra vida tiene sentido, de que estamos conectados con otras personas y de que hay momentos de alegría en medio de las dificultades.

No se consigue persiguiéndola directamente, sino construyendo una vida con vínculos significativos, con hábitos que nos cuidan y con actividades que nos hacen sentir vivos. Muchas veces la felicidad aparece como una consecuencia de vivir de una forma más consciente.

—¿Será la primera vez que está en Ibiza en su trabajo como profesional de la divulgación?

—No, he tenido la suerte de estar antes en Ibiza por motivos profesionales, ysiempre es un placer volver. Es un lugar muy especial, donde la naturalezay la cultura invitan a parar un poco y a reflexionar, algo que hoy necesitamos más que nunca.   

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