Jonás Souto sigue agrandando su palmarés. El billarista del Club Billar Eivissa-Ilusions Pool regresó este fin de semana a la isla tras proclamarse campeón por equipos y subcampeón individual en el Campeonato de Europa de bola-9 en Turquía. Un pequeño descanso tras pasar por Sarajevo y antes de viajar a Estados Unidos para el Campeonato del Mundo de bola 8.
—Un oro europeo por equipos y una plata individual. ¿Qué significa para usted?
—Es un Campeonato de Europa. Hacer medalla en torneos internacionales siempre es muy bonito, sobre todo representando a tu país y también a Ibiza. Estoy muy contento y orgulloso de mí mismo por el trabajo que hay detrás. Estoy especialmente satisfecho con el oro de la selección, porque estoy acostumbrado a jugar individual y este título ha sido en equipo. En cuanto a la plata, hay un poquito de sabor agridulce por haber perdido la final, pero no deja de ser una medalla europea y hay que estar muy contento.
—¿Hubiera cambiado el orden de las medallas?
—No, no lo cambiaría. Como decía, este es uno de los torneos que más disfruto a lo largo del año. Tenemos dos o tres torneos que son por equipos o por parejas, y los disfruto mucho. La sensación de ganar no es solo tuya; al fin y al cabo es un triunfo de equipo, y eso se disfruta mucho más.
—Hace nada era un chaval que se empezaba a abrir camino y, ahora, es uno de los mejores jugadores del mundo. ¿Cómo le ha cambiado la vida?
—Bueno, mi vida ha cambiado mucho. Recuerdo que de pequeño era un chaval que, como muchos, jugaba al fútbol y al billar de manera ocasional. Luego empecé a competir de verdad, y fue en el Campeonato del Mundo Júnior cuando mi mentalidad cambió: ahí supe que realmente quería dedicarme a esto. Pasar de ‘querer dedicarte’ a ‘poder dedicarte’ es un paso muy grande, pero gracias al sacrificio, a las muchas horas de entrenamiento y a nunca perder la motivación en los días duros, he conseguido llegar hasta aquí. Ahora puedo decir orgullosamente que me dedico al billar al 100%, es mi principal fuente de ingresos y es mi trabajo como jugador profesional.
—Le llaman ‘The Island boy’.
—Sí. ‘El niño de la isla’. Es muy gratificante, porque vengo de Ibiza, de un sitio que siempre me ha apoyado. He tenido el respaldo de muchísima gente y de muchas entidades, y es muy bonito poder llevarlo conmigo y que la gente me reconozca como alguien que viene de un lugar tan especial como Ibiza. Lo curioso es que este apodo no me lo pusieron en España, sino en Estados Unidos, donde me dijeron que mi nickname tenía que ser ese. Nosotros, al igual que los boxeadores o deportistas de otras disciplinas, tenemos un apodo, y ese fue el que me asignaron.
—Supongo que a la gente le sorprende cuando dice que es de Ibiza.
—Bueno, lo típico: la gente asocia Ibiza con la fiesta, las discotecas… y muchos sueñan con venir por eso. Pero, al mismo tiempo, siento mucho orgullo de que Ibiza sea tan reconocida. Me gustaría que destacara más por otros ámbitos, no solo por lo que ya sabemos. Aun así, la gente se queda muy impresionada. Aunque hay personas que ni siquiera saben dónde está Ibiza, sobre todo en Estados Unidos, que no controlan mucho el mapa europeo. Pero sí, en general se sorprenden mucho cuando les dices que eres jugador profesional y que has vivido toda tu vida en Ibiza.
—’The Island Boy’, pero casi podríamos llamarlo Willy Fog. ¿Alguna vez se para a pensar en el número de viajes que hace al año?
—Bueno, mi trabajo conlleva estar mucho tiempo fuera de casa y viajar alrededor del mundo. Compito en pruebas internacionales que son necesarias para el ranking, y, gracias al apoyo que tengo y a los patrocinadores, puedo hacerlo. No sabría decir exactamente cuántos vuelos hago al año, pero con 24 años puedo decir que he visitado unos 35 o 40 países, así que son muchos viajes.
Foto: Arguiñe Escandón
—¿Los visita o le da tiempo a verlos y hacer algo de turismo?
—Es algo que me pregunta mucha gente. Te voy a decir la verdad: soy una persona que prioriza mucho la competición. Intento estar siempre al 100% en la competición. Da igual que sea Nueva York, Las Vegas, Indonesia o Albacete. Si las cosas me van bien, apenas tengo tiempo para visitar nada. Si me eliminan antes de lo esperado, pues sí intento conocer un poco la ciudad.
—Y mentalmente, tanto viaje, ¿cómo lo lleva?
—Para mí, viajar es ya parte de mi día a día. Cuando estoy en Ibiza más de una o dos semanas, noto que mi cuerpo y mi mente me piden volver a competir. Ahora, por ejemplo, me pasó al revés. Llevaba un mes fuera y, después de dos o tres semanas de estar lejos, ya sentía el cansancio y esa necesidad de volver a casa.
—Tengo entendido que en algunos países empieza a ser una celebridad.
—Bueno, celebridad tampoco. Pero sí es cierto que en países como Vietnam, Filipinas o Indonesia, el billar está viviendo un auge impresionante. En Estados Unidos siempre ha sido un deporte popular, pero en Asia se está consolidando con fuerza. Nosotros tenemos un par de torneos al año en Vietnam y, cuando vamos, la gente nos reconoce por la calle, en cafés o centros comerciales, lo que demuestra el enorme interés por este deporte. Para mí es un placer competir allí, porque los aficionados transmiten una pasión increíble. La emoción y el entusiasmo que muestran los fans hacen que la experiencia sea muy especial y gratificante. Quizás es comparable al nivel de popularidad que tiene el pádel en España.
—Y está experimentando un boom en redes sociales.
—Sí que es verdad que mis redes sociales han tenido un crecimiento importante últimamente. Al fin y al cabo, como está en auge mi deporte, hay muchos aficionados de Asia, Sudamérica y Estados Unidos que han empezado a seguirme. En Europa todavía no tanto, pero se va intentando. Yo también me he puesto a hacer vídeos por mi cuenta, para enseñar cómo es la vida de un jugador profesional de billar y algunas normas del juego. En TikTok pegué un boom el año pasado, una cosa de locos: subía un vídeo y podía tener más de un millón de visitas. La gente lo ha recibido muy bien, y yo sigo haciendo vídeos, intentando que la gente conozca mi deporte y, la verdad, más contento que nada.
—¿Algún seguidor conocido?
—Bueno, alguno tengo. Hablo mucho con Ale Galán, el jugador de pádel. También me sigue el cantante Mike Towers o el futbolista Luis Muriel, que lo conocí durante un torneo en Orlando. La verdad que sí que tengo unos cuantos que son conocidos en sus ámbitos.
—En una entrevista anterior mencionó que buscaba el Top 10 mundial, ya está cerca.
—Sí, ahora mismo creo que estoy en el puesto número 13. Pero mi mentalidad ha cambiado respecto a aquella entrevista: antes me fijaba mucho en el resultado, pero ahora me concentro más en la parte psicológica y en dar lo mejor de mí. Mi objetivo es hacer todo lo que esté en mi mano, jugar a mi nivel, estar cómodo y con confianza, y no preocuparme por lo que escapa a mi control. A nivel profesional es importante estar siempre al 100%, pero sobre todo en lo que depende de ti; no puedes frustrarte ni castigarte por cosas que no están a tu alcance. Está muy bien querer estar en el Top 10 o ser campeón del mundo, pero ahora mi prioridad es jugar bien, mantener la concentración y la confianza, y el resto llegará solo. Lo importante es seguir trabajando y dar siempre lo mejor, y los triunfos llegarán.
—Estamos hablando entonces de un Jonás Souto más maduro.
—Sí, creo que sí. Últimamente trabajo con un psicólogo deportivo, Juan Carlos Expósito, que es de Asturias. Él también es jugador de billar y estudió psicología. Con él trabajo mucho y me ha ayudado enormemente durante este último año. De hecho, 2025 ha sido el mejor año de mi carrera sin ninguna duda, y gran parte de ello se debe al avance que he logrado mentalmente. Este deporte, sobre todo, requiere más fortaleza mental que física.
—Históricamente siempre fue muy tabú el tema de los psicólogos en el deporte, pero se va normalizando.
—Yo llevaré un par de año con él. Al principio, me daba un poco de miedo y pensaba igual quizás luego no sepa ir yo solo. Mi psicólogo me dijo una frase que siempre recordaré: los psicólogos no te van a enseñar a correr, a jugar o a ejecutar tu deporte. Lo que hacen es darte herramientas que te permitan rendir mejor mentalmente, como una muleta que usas para poder caminar. En mi caso, el psicólogo no me dice cómo tirar una bola o cómo jugar mejor; me proporciona recursos y estrategias que me ayudan a concentrarme, gestionar la presión y mantener la confianza. A nivel profesional, y especialmente en un deporte tan mental como el mío, contar con un psicólogo deportivo es totalmente necesario. Estoy seguro de que hoy en día cualquier deportista de alto nivel debería trabajar con uno; no tengo dudas de que es una parte fundamental del rendimiento profesional.
—Y ¿cuál es el próximo objetivo?
—En un par de semanas me voy a Estados Unidos, a San Luis, para el Campeonato del Mundo de bola 8. ¿El objetivo? No voy a decir ganar, porque creo que no está en mi mano. Como he dicho antes, voy con el objetivo de hacer lo mejor que pueda, de encontrarme bien, de hacer todo lo que esté en mi mano: cumplir la rutina, jugar con buena actitud, a buen ritmo, tener buenas sensaciones y que venga lo que tenga que venir. Si pierdo en primera ronda, le daré la enhorabuena al rival y seguiré compitiendo; si llega un triunfo, bienvenido sea. Al fin y al cabo, hay que centrarse en lo que uno puede controlar y no ponerse expectativas demasiado altas, porque cuanto más alta es la expectativa, más dura puede ser la caída. Sobre todo si partes de la base de que el objetivo es ganar. No es así: el objetivo es hacerlo todo bien, y lo más seguro es que, si lo haces todo bien, lleguen los resultados.