La UD Ibiza resistió con oficio en el feudo del Villarreal B. Este sábado, los celestes firmaron un empate sin goles que sabe a mucho más que un simple punto. Sabe a vida. Porque, tal y como está la clasificación, con la permanencia en juego y el margen cada vez más estrecho, puntuar no es una opción, sino una necesidad. Y la Udé, consciente de ello, se aferró al partido como quien se agarra al último salvavidas.
Miguel Álvarez agitó el once en busca de respuestas. Unai Medina regresó al carril derecho, Davo acompañó a Fran Castillo en ataque y David García volvió a la titularidad. Izan ocupó el extremo, mientras Bebé, cuya imagen dista mucho de la de antes, ni jugó.
Pero el inicio fue lo esperado. El Villarreal B, un equipo joven, dinámico y valiente, tomó el mando del partido. El balón era suyo y el peligro, también. Hugo López se erigió como el faro ofensivo de los locales, el hombre que encendía cada chispa de amenaza.
La primera llegó pronto, en un libre directo del propio Hugo que se marchó fuera. Pero lo peor estaba por venir. Pasado el primer cuarto de hora, en una jugada combinativa, García puso un pase lateral perfecto para que Hugo, libre de marca, sólo tuviera que empujar el balón a la red con todo a favor. Sin embargo, Ramón Juan decidió ponerse la capa de Superman y evitar el tanto. El guardameta voló y sacó una mano imposible.
El resto de la primera mitad fue un ejercicio de resistencia. El Villarreal B dominaba, pero no remataba. El cuadro de Miguel Álvarez aguantaba, pero no encontraba el camino para golpear. Sólo en la recta final se vivieron nuevas ocasiones de gol, concretamente dos y a favor de los locales. Primero, un zapatazo de Gaitán que Ramón Juan volvió a desviar a córner. Luego, un cabezazo de Lautaro que rozó el travesaño. El pitido final del primer tiempo fue un alivio.
Tras el descanso, el equipo unionista dio un paso al frente. Sin estridencias, pero con intención. Theo Valls estuvo a punto de cambiar la historia tras una gran pisada de Fran Castillo, pero la defensa local apareció en el último suspiro para desviar el balón, que se marchó a córner.
El partido se abrió, se rompió por momentos. Ambos equipos buscaron el gol desde la distancia, como si probaran suerte en una batalla sin espacios. Diatta volvió a exigir a Ramón Juan, que seguía firme, inquebrantable.
Llegaron los cambios. Nuevas piernas, nuevas ideas, pero la misma tensión y el mismo dibujo. Javi Eslava rozó el premio tras un error rival. Luego, Gaitán no llegó por centímetros en el segundo palo antes de que Mazeya, cuya entrada dio otro aire a los celestes, lo intentó sin suerte con un disparo alto.
Entonces, en el descuento, llegó la mejor ocasión para los pitiusos. En una contra guiada por Mazeya, el balón le llegó a Svensson, cuyo disparo encontró la respuesta del portero. El rechace queda muerto, esperando un héroe. Pudo ser Mazeya, pero su remate de cabeza forzado no halló puerta.
Ahí se acabó el partido. No hubo goles y sí reparto de puntos. La UD Ibiza sumó en un escenario complicado, ante un rival que solamente ha cedido una derrota en todo 2026. Los ibicencos tendrán que seguir remando para asegurar la permanencia cuanto antes. No queda otra.