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Primera RFEF

El fútbol más cruel golpea de nuevo a la UD Ibiza ante el Hércules

El equipo celeste sucumbe en tierras alicantinas pese a merecer mejor suerte

Ramón Juan se anticipa para coger la pelota en un lance del partido Hércules-UD Ibiza. | Foto: UD IBIZA

| Alicante |

Condenada a sufrir. Así camina esta temporada la UD Ibiza, atrapada en una pesadilla interminable en la que cada jornada parece escrita para poner a prueba su resistencia. Y en Alicante, bajo la presión de una clasificación que aprieta el cuello, volvió a caer. El Hércules CF se llevó el duelo por la supervivencia (2-1) y dejó a los celestes pendientes aún de no caer en el abismo cuando apenas restan dos capítulos para el final de la liga. La permanencia sigue cerca, sí, pero todavía no está sellada. Y a estas alturas, ya nadie se atreve a respirar tranquilo.

El partido enfrentaba a dos gigantes heridos, dos proyectos construidos para pelear por el playoff y que ahora se ven obligados a luchar por algo mucho más cruel: evitar el descenso. En juego no había gloria, sino alivio. El vencedor dormiría un poco más tranquilo; el derrotado seguiría condenado al sufrimiento. Y la moneda volvió a caer del lado equivocado para una Udé que mereció mucho más.

El conjunto de Miguel Álvarez fue dueño del encuentro durante muchos minutos. Tras un inicio de empuje local, los ibicencos tomaron el mando con personalidad. Su presión alta asfixiaba al Hércules, incapaz de salir con el balón jugado ni de sostener la pelota. Cada ataque visitante hacía crecer los nervios en el Rico Pérez. El Hércules parecía un equipo encogido, un títere zarandeado al ritmo de los pitiusos.

La sensación de gol flotaba en el ambiente. Carlos Abad coqueteó con el desastre en dos acciones poco afortunadas y, entre el desconcierto local, Svensson acarició el premio con un disparo lejano que se estrelló contra el palo. El delantero eligió el disparo rápido cuando aún podía haber avanzado en solitario más metros hacia el marco rival.

La Udé seguía golpeando la puerta. Fran Castillo obligó al guardameta a lucirse desde una posición escorada. Mazeya, eléctrico, dejó una de las acciones más bellas de la tarde con una arrancada individual que volvió a exigir al meta herculano. El tanto parecía cuestión de tiempo.

Sin embargo, esta temporada también se empeña en recordarle a la UD Ibiza que el fútbol puede ser despiadado. En el minuto 40, el Hércules perdió a Monsalve por lesión y el partido parecía inclinarse todavía más hacia los visitantes. Nada más lejos de la realidad. Cuando el descanso ya asomaba, llegó uno de esos golpes que parten equipos por dentro, uno de esos goles psicológicos que cambian el estado de ánimo. Calavera colgó la pelota al área, Davo rechazó como pudo y Mehdi apareció para fusilar a Ramón Juan. Un mazazo, un castigo cruel para el mejor tramo celeste del encuentro.

La segunda parte

Y todavía quedaba lo peor. Apenas nueve minutos después de la reanudación, Andy Escudero culminó una gran combinación del Hércules y hurgó así en la herida. La Udé, obligada a remar contracorriente, recibió después otro golpe casi imposible de digerir. Un balón largo del meta local parecía no entrañar peligro hasta que Ramón Juan resbaló fuera del área y, en un acto desesperado, tocó la pelota con la mano para evitar el gol. Roja directa. El infortunio convertido en sentencia.

Con diez jugadores y el marcador en contra, el partido parecía condenado, pero la UD Ibiza tiró de orgullo. Paradowski ocupó la portería y sostuvo al equipo con varias intervenciones de mérito. Y entonces apareció Fran Castillo para encender una última esperanza. Rentero regaló un balón incomprensible hacia atrás y el atacante celeste no perdonó. Quedaban más de veinte minutos por delante, tiempo suficiente para creer.

La Udé empujó con el corazón. Buscó el empate más por fe que por claridad. Pero el milagro nunca llegó. Carlos Abad apenas sufrió en el tramo final y, de hecho, fue el herculano Unai quien estuvo más cerca del gol con un cabezazo que rozó la sentencia definitiva.

El pitido final dejó al Hércules tomando aire y a la UD Ibiza tratando de asimilar un nuevo revés, otro más en una temporada interminable. Cada jornada pesa como una condena y en la UD Ibiza empieza a crecer un único deseo: que todo esto termine de una vez.

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