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'L´amant', de Harold Pinter, una comedia cáustica sobre el sexo y el matrimonio

Patrocinada por el Govern balear, la compañía Gom Teatre de Palma ofrecerá el sábado una sola función en Can Ventosa

Caterina M. Alorda y Emili Carilla, los dos únicos protagonistas de «L'amant».

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La actriz mallorquina Caterina Maria Alorda y el actor catalán Emilià Carilla, son los dos únicos intérpretes de «L'amant», la comedia de Harold Pinter que Gom Teatre de Palma, junto con la compañía Perestroika-A-Tak de Barcelona ofrecerá a las nueve y media de la noche del próximo sábado día 5 en Can Ventosa. Este montaje, patrocinado por el Govern balear, está incluido en la iniciativa de la Conselleria de Cultura que dirige Damià Pons para promocionar en todo el archipiélago las producciones de las compañías propias de cada isla.

«L'amant» es una comedia sutil e íntima tratada con elegancia y un humor cáustico, dirigida por Boris Rotenstein, ruso de origen y residente en Barcelona desde 1987. «El espectador se preguntará y reflexionará sobre qué el amor, quién es el marido, quién el amante, o incluso qué es el matrimonio. Un misterio, una cierta intriga y un factor sorpresa para el público», explicó el responsable del montaje, cuando fue presentada la obra en Palma el pasado abril.

Los dos únicos actores del texto de Pinter, considerado como epígono y alumno de Samuel Becket, interpretan en «L'Amant» el juego de la duplicidad que provoca la sociedad; por una parte la sensualidad primitiva y por la otra el conformismo obediente. «Es una obra fantástica, fabulosa, que me había fascinado siempre. De hecho, es un proyecto que nació entre Caterina, Boris y yo, que hemos ido desarrollando a lo largo de cuatro años. Así se expresó el actor Emilià Carrila. Por su parte, Caterina Alorda indicó que «esta obra representa el resumen de lo que siempre he querido hacer en teatro».

Boris Rotenstein se instaló en Barcelona tras una larga y exitosa -aunque siempre problemática- dedicación al teatro en su país natal. Un año antes de abandonar Leningrado le prohibieron todos sus espectáculos; pero sería la última vez que el zarpazo de la censura le alcanzara. La primera dio pie a un hecho insólito en la Unión Soviética: entabló un pleito y, tras siete denegaciones, el Supremo le dio la razón. «Me habían prohibido trabajar en el teatro. Pero en la URSS estaba prohibido no trabajar; era motivo de cárcel. Así que, cuando me dijeron, «no hay trabajo para t i», no tuve más remedio que intentar defenderme», explicó el polémico dramaturgo en Barcelona.

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