El funeral de Ingrid Micus, viuda del pintor Eduard Micus, tuvo lugar ayer por la tarde en el Espacio Micus, el que fuera también residencia del matrimonio. Había fallecido el pasado 3 de julio, coincidiendo con el día de su 90º cumpleaños.
Una cincuentena de personas asistieron a la ceremonia, entre los que se encontraban destacados personajes del mundo del arte y la cultura en Eivissa. Allí estuvieron los poetas Antonio Colinas y Ben Clark, el pintor Rafel Tur Costa, junto a su mujer, el editor alemán Vienen y la primera mujer del escritor Clifford Irving, Edith Sommer, entre otros; además de los amigos y familiares de la pareja.
El funeral, lejos de convertirse en un acto triste y solemne, se tradujo en una celebración llena de arte y creatividad, tal como a Ingrid le hubiera gustado, según las palabras que su hija Katja pronunció en su discurso de despedida: «Mi madre quería que estuviéramos siempre alegres, por eso propongo un brindis para decirle adiós».
Después de la homilía del pastor protestante que ofició el acto, amigos y familiares de Ingrid Micus contribuyeron al carácter artístico de la ceremonia: primero, un solo de flauta, seguida de la interpretación del tango Volver, que el periodista Julio Herranz cantó como solía hacerlo en sus veladas con Ingrid. Una pieza de Mozart tocada por flauta dio paso a los actos más emotivos de la tarde: la lectura, en alemán y castellano, de unos fragmentos de la Biblia, y la canción To everything there is a season casi hicieron quebrar en llantos a los presentes.
Sin embargo, no era este el espíritu de la ceremonia, y los actos continuaron con una pieza de jazz, Now I can see the light, y la entrega de los ramos de flores ante las urnas de Ingrid y Eduard, cuyas cenizas fueron unidas como símbolo de su amor más allá de la muerte. Finalmente, las nietas de Micus interpretaron una canción infantil para despedirse de su abuela.