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Un salto cualitativo en complejidad

Una escena de 'La flauta mágica' de Mozart, en el montaje estrenado el lunes en el Palau de Congressos de Santa Eulària. Foto: ANTONIO BOFILL

| Eivissa |

El auditorio del Palau de Congressos de Santa Eulària registró el lunes una entrada de melómanos más que notable para asistir al estreno del esperado montaje de La flauta mágica, de Mozart, una de las cumbres líricas más completas y brillantes del genio de Salzburgo. Un ambicioso proyecto con dirección de escena de Armin Heinemann y dirección musical de Ricardo Estrada; el quinto que realiza en la isla el diseñador, arquitecto y escenógrafo alemán residente en Eivissa desde los 70, tras los de La Traviata (2006), Rigoletto, Il Signor Bruschino (2008) y La Bohéme (2009).

El quinto y, a juzgar por los cálidos e insistentes aplausos (puntuales en algunas arias y al final) del personal que casi llenaba la sala, así como por los comentarios de la mayoría de ellos, el más celebrado de todos. Los que no asistieron el lunes y tengan curiosidad por comprobar el resultado de tanto esfuerzo y tanto trabajo realizado por el amplio equipo involucrado en este montaje de La flauta mágica, tienen aún tres oportunidades para hacerlo: hoy y este viernes (21,00 horas), más el domingo (19,00).

Limitaciones

Una de cosas que más llama la atención de la arriesgada empresa es la limitación de espacio disponible; con lo que la orquesta de 18 músicos locales tuvo que ubicarse en el lateral derecho del escenario; y el Cor Ciutat d'Eivissa al fondo de la sala, detrás de los espectadores. Sigue, pues, haciendo mucha falta un gran teatro en condiciones para acoger proyectos de gran envergadura, como el que nos ocupa. Por cierto, ¿cuándo será posible realizar la segunda fase del Palau de Congressos, que incluye un auditorio en condiciones para la música? Pues el que se usa ahora estaba pensado para congresos y conferencias. A ver si la crisis nos da por fin un respiro. Paciencia.

Por supuesto, como en sus montajes anteriores, también en esta ocasión llama poderosamente la atención el vestuario (obra del propio Heinemann y Stuart Rudnick; o sea, Paula's). Imaginación, colorido, fantasía y -para algunos- provocación. Un elemento que, a mi entender, rejuvenece y actualiza la estética del género lírico, tan conservador a veces, con lo que la acerca a un público más joven del habitual. A lo que también contribuye el uso de proyecciones complementarias para apoyar el argumento.

Relación con Eivissa

Lo confieso una vez más: no comparto la idea de Armin Heinemann de trasladar a Eivissa la acción de la mayoría de las óperas que presenta en la isla, aunque entiendo su motivación: «Para mí siempre es muy importante que la gente que vive en Eivissa vea una relación con la isla, porque como aquí no conocen muchas óperas, creo que es mejor que la gente se identifique con ellas», insistió el pasado sábado en la entrevista que le hice.

Creo que esta concesión (que algunos interpretan como 'peaje') resulta a veces un tanto forzada, por lo que puede desvirtuar el espíritu original del texto. Pero, afortunadamente, en La flauta mágica la relación es más bien conceptual: el carácter de Tanit y Bes (dioses tutelares de la isla) los relaciona Heinemann con los de la Reina de la noche y Sarastro, polos opuestos y complementarios en esta ópera de Mozart.

Y tampoco me pareció necesario traducir al castellano los textos no cantados de la obra, aunque algunos lo agradecieron por facilitar la compresión. Rompía el ritmo y la fluidez del texto y resultaba chocante a algunos oídos, y no sólo para los muchos alemanes de la velada.

En cuanto a la música en sí, con matices y valoraciones (que los pondrá mejor en la siguiente página nuestro crítico musical, Adolfo Villalonga), el conjunto me resultó muy hermoso para servir en condiciones a las exigencias del compositor alemán.

Por lo tanto, y resumiendo, un trabajo realmente meritorio que merece el reconocimiento de los melómanos de la isla, así como de sus responsables culturales, de los que vi más bien pocos.

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