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«La danza es una carrera que nunca acabas de aprender»

El joven bailarín ibicenco José Carayol se prepara estos días para desplazarse a Dresden (Alemania) donde en breve comenzará a cursar un Master de Danza de tres años en el Semper Opera Ballet

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Acaba de cumplir 18 años y José Carayol ya cuenta con una amplia experiencia que le augura un prometedor futuro en el mundo de la danza. El ibicenco inició su formación en el Estudio Capricorn y, desde entonces, ya ha trabajado en compañías de Madrid, con el Ballet de Carmen Roche y ha salido de gira por España con el Ballet Argentino de Iñaki Urlezaga. Su juventud no se refleja en sus palabras y su discurso demuestra la seguridad de alguien que ama lo que hace y está dispuesto a sacrificarse por hacer de ello una profesión a largo plazo. Se califica como una persona inquieta que disfruta viendo otros espectáculos, otros ballets y yendo a tomar clases a sitios diferentes de los habituales. Su talento y su curiosidad intrínsica se complementan con una faceta más estricta, rigurosa y disciplinada que no carece de la pasión característica de un joven de su edad. «Soy de los que piensan que uno es bailarín desde que se levanta hasta que se acuesta», asegura.

-¿Qué proyectos tiene una vez finalice el verano?
-Me han aceptado en un Master de Danza que dura tres años en el Semper Opera Ballet de la ciudad alemana de Dresden. El primer año estaré como becario y el segundo ya entraré en la compañía.

-¿Cómo consiguió esta plaza en este centro?
-Audicionando (risas). Este año, a partir de febrero, cuando empiezan a salir las audiciones, me recorrí Europa haciendo pruebas para las compañías que más me gustaban. Evidentemente, el primer año que sales fuera a bailar tienes que estar de becario porque te queda mucho por aprender. Me dieron plaza en varios sitios. Podía elegir entre el Het Nationale Balllet de Amsterdam, el Joffrey Ballet de Chicago, un balet de Italia para el que me becaron tras participar en un concurso en Suiza o Alemania, con el que finalmente me qudé porque era el que más me gustaba. Tenía otra audición en Cannes y en Marsella pero no las hice porque, realmente, las que más me interesaban eran las de Amsterdam y Alemania.

-¿Cual será allí su proceso?
-Primero estaré en la Palucca Schule, donde recibiré una formación teórica, paralela a las clases prácticas con la compañía. Estoy esperando a que me digan qué día me marcho porque ya tengo casa allí.

-¿En qué proyectos había trabajado recientemente?
-He trabajado con la compañía de Carmen Roche, en Madrid, con La bella durmiente y, también, he salido de gira por España con Carmen, que corría a cargo del Ballet Argentino de Iñaki Urlezaga. Vino un ojeador a clase y me llevó para trabajar con ellos en la gira por todo el país.

-¿Se imaginó cuando empezaba, con 12 años, que su carrera despegaría a nivel internacional?
-No. Además, cada vez vas viendo cómo te salen las cosas y vas encontrando tu sitio, lo que te da más ganas de seguir haciendo cosas. Yo pienso que la danza es una carrera que nunca acabas de aprender, nunca. Te mueres y aún no lo has aprendido todo. Pero sí, evidentemente, vas dándole calidad a lo que es tu estilo, a lo que más te gusta. Eso uno lo siente y sabe en qué estilo se siente más cómodo. Todos los bailarines son bastante realistas en cuanto a lo que tienen y lo que no tienen.

-¿En qué estilo se siente usted más a gusto?
-Yo ahora estoy con el clásico y el contemporáneo, que me gustan mucho. Sin embargo, pienso que a cualquier persona que ame la danza, cualquier cosa que le pongan le va a gustar, a pesar de que, mentalmente, la danza clásica es fuerte. Hay que despejar un poco la mente porque la relación cuerpo-mente es muy intensa, sobre todo cuando llega el final de curso (risas).

-¿Qué consejos le han dado para afrontar este nuevo reto?
-Los profesionales, mis maestros, siempre me han apoyado mucho. Sandy Plant me apoyó muchísimo cuando salí de la Isla. En Madrid, los profesores han hecho lo mismo y me han preparado muy bien para todas estas audiciones. Carmen Roche también ha sido muy importante. Además, cuento con la presencia de mi familia que, aunque no me apoyan del todo, porque preferirían una carrera más 'fácil' para mí, siempre han estado ahí. A mí no me gustan las cosas fáciles porque me canso. Además, creo que en la vida hay que equivocarse para aprender. Hay veces que las cosas van bien, otras que van mal y es bueno luchar por lo que quieres y cambiar de sentimientos. Me gusta enriquecerme con las experiencias.

-¿Qué valoración hace de la danza en España?
-Hace dos años que no vivo en la Isla pero, incluso en Madrid, llegó un punto en el que dije: me tengo que ir de aquí. La danza esta mal, muy mal, en España. Ahora mismo la Compañía Nacional de Danza está sin director. No tenemos una compañía nacional de ballet, cuando todos los países, por pequeños que sean, tienen la suya. España está completamente capacitada en lo que a bailarines y maestros se refiere, pero falta apoyo por parte de los gobernantes. Si te vas fuera de España te das cuenta de que los bailarines son de los artistas que más cobran, al contrario de lo que ocurre aquí. Además, se llenan los teatros y el tipo de público es distinto.

-¿Cómo se ve dentro de cinco años?
-Es complicado hacer planes porque nunca sabes lo que te puede pasar. Lo que tengo claro es que, si no soy bailarín, creo que seré buen maestro. Me gusta mucho transmitir lo que yo siento por la danza. Ahora mismo, forma parte de mi vida y no me apartaré de este mundo.

-¿Aconsejaría a la gente que se dedicara a esto?
-Yo animo a todo el mundo a que baile, ya sea por hobby o como profesión. Pero sí que aconsejo que, la gente que quiera dedicarse a esto esté muy segura porque es una carrera muy difícil. Hay casos increíbles de grandes bailarines como Nacho Duato que empezaron con 19 años. El riesgo de empezar muy joven es cansarse muy pronto. La danza, cuando empieza a ser una rutina, ya no te gusta. Es muy fácil caer en la tentación de abandonar o en una serie de inseguridades, pero todo forma del camino y hay que amar lo que uno hace.

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