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Historia

Los misterios de un mercante romano del siglo I a.C.

Imágen de una exploraciones arqueológicas de Es Grum de Sal extraídas del libro escrito por Carlos León Amores.

| Eivissa |

Esta noche se presenta a partir de las 20.00 horas en el Museo Monográfico de Puig des Molins, situado en el número 21 de la Vía Romana de Vila, el libro Investigaciones arqueológicas subacuáticas en el barco romano de Es Grum de Sal, Conillera de Carlos León Amores. El encargado de llevar a cabo la presentación será Marcus Heinrich Hermanns, prestigioso arqueólogo submarino y experto en esta excavación.

El barco al que se hace referencia en este libro, «divulgativo y sencillo de entender», es un barco mercante romano de unos 25 metros de eslora, hundido a 22 metros de profundidad y que fue construido entre el 105 a.C. y el 30 a.C.. Según explicó ayer el propio Heinrich Hemanns a PERIÓDICO de IBIZA Y FORMENTERA posiblemente se dedicara al comercio de largo alcance «pudiendo llevar mercancías como ánforas de salazón desde Ibiza hasta el sur de Francia o hasta Ostia, el puerto de Roma, siguiendo una ruta que le llevara por Mallorca y siguiendo al Este pasando por el Estrecho de Bonifacio, en el Mar Tirreno». Sin embargo a pesar de las distintas excavaciones realizadas en el lugar desde los años sesenta del pasado siglo y del abundante material encontrado y almacenado en el Museo Arqueológico de Ibiza «todo ello no ha podido ser confirmado al cien por cien».

Lo mismo sucede con las medidas exactas del pecio. Esto último es debido a que «únicamente se ha encontrado una parte de la quilla». En este sentido, y a pesar de que se han hallado restos que podrían ser las tracas del forro de la embarcación, de las cuadernas y las varengas, aún hay bastantes misterios. Según Heinrich Hemanns uno de los más importantes «son unos puntales de 15 por 15 centímetros que aparecen en distintos lugares junto a unas estructuras entre cuaderna y cuaderna y que son de difícil interpretación». Finalmente y aunque no se ha visto nada parecido hasta el momento, parece que la solución la encontró el propio autor del libro, Carlos León Amores, «quien los bautizó como entremiches y llegó a la conclusión de que, tal y como se refleja en un dibujo del libro, eran una especie de mampara que se empleaba para separar la carga de la pasarela que iría sobre el espacio de la sentina».

Cuatro campañas

Todo esto ha sido posible gracias a las distintas campañas arqueológicas que se han llevado a cabo en esta zona de unos 11 metros de Es Grum de Sal, junto a la isla de Sa Conillera, y que según Heinrich Hemanns «ha sido desde los tiempos más remotos un fondeadero».

Según se explica en Investigaciones arqueológicas subacuáticas en el barco romano de Es Grum de Sal, Conillera tras ser descubierto en 1960 durante unas prospecciones que hizo el barco de bandera británica Pagan II, la primera excavación oficial del barco se llevó a cabo entre 1962 y 1963 gracias a la financiación del médico y submarinista aficionado Benito Vilar-Sancho y bajo la supervisión del por entonces director del Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera, José María Mañá de Angulo. Desgraciadamente durante los años previos el lugar ya había sido expoliado con consentimiento de distintas autoridades, provocando que multitud de objetos encontrados en el lugar acabaran repartidos por distintos museos. Incluso, en 1964, cuando se publicó el Informe sobre la excavación arqueológica en la Bahía de San Antonio Abad de Ibiza también apareció otro detallado estudios sobre otras piezas del mismo barco romano de Sant Antoni.

Para la segunda excavación arqueológica hubo que esperar más de 20 años. Fue entre 1985 y 1986, bajo la dirección de un grupo que dirigía Belén Martínez Díaz y según Heinrich Hemanns ya se empezaban a aplicar métodos de la arqueología terrestre a la arqueología submarina. «Aunque hay cosas que los hacen similares, en el caso de un pecio hundido todo es más complicado porque estamos hablando de una cápsula del tiempo cerrada que nos da información sobre un hundimiento, sus mercancías, los conocimientos de navegación de sus ocupantes y por supuesto cómo eran las naves que se construían en aquella época».

Mientras, la tercera excavación data de 1991 y 1992 y la última de 2013, cuando se llevó a cabo una campaña de 14 días protagonizada por miembros del Instituto Arqueológico Alemán, entre ellos el propio Marcus Heinrich Hemanns.
En esta última fase, entre otras cosas, se encontró lo que parece que es la quilla de la embarcación y se extrajeron del mar varias muestras de la madera mediante una técnica innovadora de dendrocronología consistente en un taladro por presión. Actualmente, la parte superior del pecio se encuentra muy deteriorada «debido al efecto del oxígeno diluido dentro del agua en la madera y del molusco Teredo Navalis, que dependiendo del grado de salinidad del agua y la temperatura puede acabar con la madera en muy corto espacio de tiempo». Además también influye la mano del hombre, ya que, tal y como asegura Heinrich Hemmans, «hasta hace poco tiempo no había la concienciación suficiente y los buzos descendían, movían la tela que tapa los restos para verlo y luego la dejaban sin poner».

Situación actual

Actualmente los restos del barco romano en Es Grum de Sal están tapados con sacos de arena y un plástico geotextil, no contaminante y que impide el avance del Teredo Navalis, y de los curiosos sin escrúpulos. Mientras, el arqueólogo submarino y los miembros del Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS) bajan de cuando en cuando para revisar que todo esté correcto, y actualmente están terminando de recopilar los datos necesarios para intentar reconstruir a escala esta nave romana en una impresora de tres dimensiones. Algo para lo que se necesita financiación privada e interés por parte de las instituciones.

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