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El horizonte se obscurece

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Factores económicos, geopolíticos y climáticos están provocando un estancamiento del gasto de los principales mercados emisores y el enfriamiento del turismo nacional. En los dos últimos años ha crecido el doble que el conjunto de la economía, mientras que en los últimos trimestres crece a un ritmo similar. Este frenazo se debe a que los principales mercados emisores, que generan más del 70% de los ingresos turísticos de España, atraviesan dificultades.

Los turistas procedentes del Reino Unido, especialmente las familias, acortan la duración de sus vacaciones y reducen el gasto en destino. Siguen viniendo, pero gastan menos en restaurantes, excursiones o compras. Alemania atraviesa una situación aún más delicada. Su economía está estancada. Sus exportaciones, especialmente de automóviles, se ven afectadas por los aranceles de Trump y el crecimiento de las empresas chinas. Esto se traduce en menos viajes al extranjero y estancias más cortas. Además, Turquía está ganando terreno en el mercado familiar con paquetes de «todo incluido» a precios muy competitivos.

Francia arrastra una crisis política interna y un aumento de la deuda pública. El consumo de los hogares se ha reducido y las vacaciones no son una excepción. Aunque siguen viniendo, especialmente en coche por proximidad, su gasto medio ha bajado. Italia ha mantenido cierta estabilidad política, pero sufre una caída del poder adquisitivo: desde 2018, los salarios reales han bajado un 7,5% según la OCDE. Vienen sobre todo jóvenes que gastan menos en restaurantes, compras o actividades complementarias. Esto reduce el beneficio para el sector, aunque aumente el número de visitantes. Empiezan a verse nubarrones también en el turismo procedente de Estados Unidos y de varios países de América Latina por la pérdida de valor del dólar entre otros motivos.

El turismo nacional muestra síntomas de fatiga. Los españoles viajan menos a hoteles por la subida de precios y buscan alternativas más baratas, como viviendas turísticas o escapadas al extranjero. A las tensiones económicas se suman factores geoestratégicos y medioambientales. La guerra en Ucrania genera un clima de inseguridad que frena las reservas, mientras que el aumento del precio de los servicios turísticos, la saturación en centros urbanos y las protestas vecinales incitan a los turistas a viajar a lugares más baratos y tranquilos. Para mantener la imagen de España como destino abierto, seguro y asequible tenemos que garantizar una buena gestión de la saturación, contención de precios y adaptación al cambio en los mercados emisores.

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