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El euro digital y las stablecoins

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La introducción del euro digital por parte del Banco Central Europeo (BCE) parece estar envuelta en polémica. Para algunas personas es un paso más hacia el control público de los ciudadanos, una perdida de su intimidad y de su libertad. Por el contrario, para otras constituye un paso necesario para recuperar una cierta autonomía frente a las grandes empresas tecnológicas y financieras americanas.

Enrico Letta en su informe sobre el futuro del mercado único resaltaba que la fragmentación del sistema financiero europeo ha conducido a una situación en que el sector de los medios de pago (tarjetas de crédito y débito) esté dominado prácticamente por tres empresas norteamericanas (83% del mercado mundial). Pero cada vez que utilizamos nuestra tarjeta no es gratis, estas empresas cargan hasta un 0,3% del importe pagado (0,2% en las de débito). No solo cobran por los pagos sino también por emisión, crédito, seguros o utilización de cajeros fuera de su red o país.

La creación del euro digital podría ser una alternativa al uso de estas tarjetas. Con un monedero digital personalizado (y ligado a una cuenta bancaria) podríamos pagar de forma digital sin necesidad de portar dinero, ahorrando a las empresas europeas el coste de transacción que suponen las tarjetas de crédito. Más aún, al utilizar la técnica del blockchain serían pagos seguros y trazables como las criptomonedas, pero sin la inestabilidad y volatibilidad que éstas conllevan. Poder optar por un monedero digital como pretende el BCE frente a las tarjetas nos ahorraría comisiones al movernos por el espacio europeo sin tener que acudir a cajeros o utilizar tarjetas ya que tecnológicamente serían monedas digitales.

Muchos de los críticos del euro digital aducen que supone una pérdida de intimidad frente al estado sin pensar que con el uso de tarjetas o transferencias bancarias estamos cediendo nuestros datos a empresas financieras privadas. Otra crítica contra el euro digital es que su uso disminuiría los depósitos en los bancos otorgándoles una menor capacidad para realizar préstamos. Pero existen dos razones por las que no sería así. En primer lugar, para evitar problemas de volatibilidad en la gestión de la política monetaria, la tenencia de euros digitales estaría limitada en torno a los mil euros por ciudadano, mientras que, por otro lado, a nivel internacional las denominadas stablecoins (Theder, Dai, USD Com) ya son una alternativa digital real a las monedas nacionales.

En el comercio internacional estas monedas permiten transferencias instantáneas evitando comisiones cambiarias y riesgos de volatibilidad al estar respaldadas por activos y tener su uso reglamentado. Las stablecoins son especialmente útiles como medio de pago en países con monedas débiles o inestables (Argentina), para el pago de remesas internacionales, para mejorar la inclusión financiera en países con escaso desarrollo bancario o para pagar ahorrarse costes de intermediación en transacciones internacionales. La pérdida de comisiones para las entidades financieras hace que no vean con agrado su llegada, pero muy probablemente en pocos años acabaremos con un monedero digital instalado en nuestro teléfono que nos permitirá realizar pagos a nivel internacional de forma segura y ahorrándonos comisiones y costes financieros. Finalmente, recuerde que la Comisión Europea también nos recomienda tener dinero efectivo en casa, no lo fiemos todo a la tecnología.

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