La zona señorial de Ibiza, Dalt Vila, Patrimonio de la Humanidad desde finales de 1999, se ha convertido, según denuncian algunas de las personas que viven allí todo el año, en un entorno inseguro, poco amable y conflictivo. Cuesta creer que la degradación de este histórico barrio haya llegado a estos extremos. Pero, los vecinos tienen claro que en los tres últimos años la situación se ha deteriorado de forma muy preocupante.
Richie Aramini vive en Dalt Vila desde hace años. Asegura que ahora los problemas se producen «cada noche». «Abren coches, revientan ruedas, orinan en los portales… es un no parar», denuncia. Los vecinos se han organizado para, al menos, estar en contacto cuando llegan los problemas. «El hartazgo es general», asegura Aramini, «los vecinos hablan con el Ayuntamiento pero no se soluciona nada. Los problemas siguen y nadie nos convoca para, al menos, hablar de lo que está pasando. Nosotros queremos más control, más Policía Local, cámaras… pero esto se ve que al Ayuntamiento no le conviene. Para controlar la zona ACIRE sí que ponen cámaras porque así cobran multas. Pero aquí las cámaras no tienen la misma rentabilidad. Estamos hartos de la inseguridad en el barrio».
«Rompen contadores para poder meter droga»
La lista de quejas de Aramini no se queda ahí. Y es que el trasiego de yonkis por el barrio se ha convertido en una constante en los últimos años. Según relata este residente en Dalt Vila, algunos de ellos «han llegado a romper contadores para poder meter ahí la droga». «Te los encuentras defecando y orinando en cualquier parte», lamenta, «en un barrio que es Patrimonio de la Humanidad y en el que tienes que aguantar esto. Sin los residentes de todo el año, Dalt Vila sería un barrio fantasma. Ahora, además del ruido y de la suciedad, tenemos que sufrir también la inseguridad».
«Si tengo que salir a las 6.00 horas para ir a trabajar, lo hago con un spray de pimienta»
Una joven residente en el barrio y que prefiere no identificarse cuenta también su experiencia en Dalt Vila: «Mi novio y yo vivimos aquí desde hace tres años. La situación se ha degradado sobre todo en los dos últimos. Cuando llegamos, yo solía pasear al perro por la zona del Castillo a primera hora de la mañana pero dejé de hacerlo porque ya empecé a ver cosas raras. Ahora mismo, si tengo que salir a las 6.00 horas para ir a trabajar, lo hago con un spray de pimienta porque siempre te encuentras a gente rara». Y pone como ejemplo lo sucedido hace dos años, cuando se topó con dos hombres manteniendo relaciones sexuales en la plaza del Sol. «Salí corriendo», recuerda ahora.
En el edificio en el que vive con su pareja, han tenido durante algún tiempo «a un yonki durmiendo, que entró un día de lluvia y ahí se quedó». «A mí me da miedo, aunque sea un buen tío, pero yo salgo muy temprano a trabajar y no es agradable», explica, «yo vivo en el bajo y se ponía al lado a fumar base y entraba todo el humo por mi puerta».
«Se aprovechó del chico seguro. Si llega a ser una chica, hubiera tenido repercusión»
En el mismo inmueble, explica, hay un piso que se alquila a turistas a través de Airbnb. Y con uno de estos turistas vivieron una experiencia inolvidable: «Una mañana nos lo encontramos en el cuarto de contadores con los pantalones totalmente bajados y con todo el aire. Una yonki nos pidió que le abriéramos la puerta para salir. Se aprovechó del chico seguro. Si llega a ser una chica, hubiera tenido repercusión».
La misma joven ha tenido que instalar cámaras en su domicilio por miedo a las ocupaciones ilegales. Cada mes, asegura, paga por este sistema de vigilancia algo más de 50 euros. «Nunca había tenido que hacer esto», afirma indignada, «tenemos una moto y nos han quitado cuatro veces los retrovisores. Nos han pinchado las ruedas del coche. El 30 de diciembre, incluso, nos reventaron la rueda. No sé si fue el camión de la basura o un coche pasando rápido. Se te meten los turistas delante del coche y te insultan si les dices algo. No hay parking en el barrio. Cuando nosotros llegamos, mientras hacíamos el papeleo para poder aparcar, mi novio me tuvo que llevar tres veces al hospital y nos pusieron tres multas. Yo me pregunto si los coches de alquiler las pagan».
«Aquí hay problemas todos los días»
La indignación ante la dejadez del Ayuntamiento es grande. Una segunda vecina que declina identificarse cuenta que cómo avisa cada vez que hay un incidente y nadie acude. «Hace poco una yonki me amenazó con que me iba a apuñalar», asegura, «llamé a la Policía Local, estuve una hora esperando y no vinieron». Afirma que «aquí hay problemas todos los días» y que el Ayuntamiento solo les hace «falsas promesas». Asegura que solo la Policía Nacional les ha prestado atención a través de su canal de atención al ciudadano, pero concluye: «Aunque funciona muy bien, no vemos refuerzos. En invierno esto está todo muerto y es cuando esta gente aprovecha».
Falta de conservación
Las críticas al Ayuntamiento tienen que ver también con la conservación de este histórico entorno. Un muro se cayó a causa de las fuertes lluvias del pasado 30 de septiembre y aún no ha sido reparado.
«Esto es peligroso», advierte un residente que vive cerca, «no sé a qué están esperando para arreglarlo». El relato de este hombre es muy similar al de otros vecinos: «Yo vivo en una calle que es oscura y por aquí pasa gente muy rara. Tienes que tener todo cerrado. A nosotros nos han quitado ropa, el tendedero… es verdad que son cosas de poco valor pero el problema es la sensación de inseguridad». E insiste en que en el barrio «ves a yonkis y a gente muy rara pero lo que nunca ves es a un policía local».
Cabe destacar que este periódico ha intentado sin éxito recabar las valoraciones del Consistorio.
VileruVaya, me has copiado el nick...