Aunque parezca algo antiguo en medio de la economía de la Inteligencia Artificial, el petróleo sigue siendo fundamental para la economía. Un petróleo muy caro es un problema: no hace tanto vivimos una crisis de inflación que provocó bajadas en las bolsas y un crash en el mercado de la renta fija. Realmente esa inflación no fue solo provocada por el precio del petróleo, que puntualmente se encareció mucho tras el inicio de la Guerra de Ucrania, sino por el exceso de tiempo en el que el mundo se vivió con tipos de interés negativos. Pero evidentemente no ayudó.
La prueba es que, desgraciadamente, sin acabar la Guerra de Ucrania, vimos el año pasado la que enfrentó a Hamas con Israel. La zona no es influyente en petróleo pero sí había un miedo: el cierre del Estrecho de Ormuz por parte del gobierno iraní. Incluso el congreso de Irán lo aprobó tras el bombardeo americano en su territorio. Sin embargo, desde los más de 130 dólares a los que cotizó en mediados de 2022, hasta ahora no para de caer. Ojo, porque un petróleo muy barato tampoco es buena señal: podría significar que el mundo no se mueve. Eso pasó en la COVID, cuando el petróleo se desplomó hasta tal nivel que algunos vencimientos de futuros de petróleo se colocaron en negativo.
Parece una aberración financiero, pero la realidad es que se pagaba a quién se lo llevara para no tener gastos de almacenamiento extra por falta de espacio.
Realmente el petróleo es como cualquier otro activo: funciona por oferta y por demanda.
La situación económica afecta a la demanda: cuando la economía va bien, se consume más petróleo.
Es cierto que hay cada vez más tendencia a consumir de forma más sostenible, pero eso casi no afecta a los grandes gastos de derivados del petróleo (aviones, cargueros, camiones…). Ojo, ese hábito de consumo sí afecta a los propios productores que están buscando cada día formas de petróleo más sostenible (en el gráfico se ve como Neste lleva un año impresionante gracias a ser líder en ello).
La oferta, sin embargo, es mucho más moldeable porque está en manos de poca gente, principalmente los países de la OPEP+.
Y parece que a éstos les interesa tener un petróleo barato, ya sea porque no quieren que el mundo busque con urgencias formas alternativas de propulsión, porque no quieren beneficiar a otros productores que necesitan vender más caro para ser rentables o simplemente porque así les basta.
Y ahora nos podemos encontrar con otro actor que genere que haya más oferta: Venezuela. Sin embargo ha desatado cierta inestabilidad en el mercado que está viviendo este cambio con mucha volatilidad.
Es cierto que, por una parte hay más oferta, pero también lo es que el porcentaje de petróleo «nuevo» que saldría de Venezuela es muy poco comparado con el que se vende en el mundo. Por otro, para que sea rentable a las petroleras entrar en Venezuela necesitan una inversión muy alta y el precio actual podría no ser suficiente para sacar margen. Con todo ello, hace tiempo que tendría mucho sentido una subida del petróleo de entre un 15 y un 25%, sin embargo el pronóstico ahora es complicado.