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Luís Nadal de Olives: «El campo depende más de la economía, no del clima»

El presidente de Agrame, Luís Nadal de Olives, advierte que el futuro del sector agrario de Menorca depende más de la rentabilidad que de la incidencia que pueda tener el cambio climático

El Presidente de AGRAME, Luis Nadal de Olives, durante la entrevista mantenida.

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En un momento en el que el cambio climático ocupa buena parte del debate público y político, el campo menorquín observa la situación con una mezcla de prudencia y experiencia acumulada. Desde Agrame, la Asociación de Empresarios Agrarios de Menorca, su presidente desde hace nueve años, Luís Nadal de Olives, ingeniero agrónomo y con más de cincuenta años de trayectoria profesional vinculada al sector, aporta una visión basada más en la realidad del día a día que en grandes titulares. Nadal de Olives cree que el impacto del clima existe, pero no es, hoy por hoy, la principal amenaza.

Usted ha participado recientemente en una comisión para hablar del cambio climático. ¿Con qué idea principal se quedó?
Lo primero que quiero decir es que se han hecho exposiciones de muchísimo nivel, tanto sobre la problemática general como sobre las líneas de actuación. Mi aportación ha sido más concreta, centrada en Menorca, que es lo que conozco bien. Y ahí, lo que puedo decir es que la afectación del cambio climático en la isla, de momento, es menor que en otros territorios.

¿A qué se debe esa menor afectación?
A una cuestión puramente geográfica. Menorca es una isla pequeña, muy influenciada por el mar. No hay ningún punto que esté a más de diez kilómetros de la costa, y eso genera un efecto regulador térmico muy importante. El mar actúa como un amortiguador que suaviza los extremos.

¿Qué cambios se están detectando entonces?
Principalmente un aumento generalizado de las temperaturas. Los inviernos son más suaves y cortos, y los veranos más largos y cálidos. También se han reducido mucho las tramuntanadas, que antes eran frecuentes y duraban varios días. Hoy son menos intensas y menos habituales. En cuanto a la lluvia, no ha cambiado tanto en cantidad, pero sí en cómo se reparte sobre el territorio, de forma más uniforme.

¿Hay datos suficientes para sacar conclusiones sólidas?
No del todo. Hay datos, pero todavía son pocos y recientes. Muchas de las conclusiones que podemos hacer hoy son empíricas, basadas en la experiencia acumulada. Los parámetros reales del cambio climático se entenderán mejor con el tiempo.

Ha insistido en la importancia del clima para el campo. ¿Por qué?
Porque la agricultura es hija de la climatología. Está completamente condicionada por ella. Por eso es importante entender primero el clima antes de hablar de agricultura.

Entrando en materia, ¿cómo está afectando todo esto al campo menorquín?
Hasta ahora, de forma bastante suave. No ha sido necesario cambiar ni los cultivos ni las variedades. El sistema productivo sigue funcionando con normalidad. Los forrajes, que son la base de nuestra agricultura, siguen siendo los mismos.

¿Qué tipo de cultivos predominan?
En Menorca, agricultura y ganadería van de la mano. Entre el 80 y el 90% de los cultivos están destinados a alimentar al ganado. Son principalmente forrajes y pastos. Cultivar cereales para pienso aquí no es rentable, por lo que se importan.

¿Y el cambio climático ha alterado la producción?
No de forma significativa. De hecho, algunas condiciones actuales, como inviernos más suaves o menos heladas, pueden incluso favorecer el crecimiento de los cultivos. Todo depende, como siempre, del agua disponible.

¿Y qué ocurre con otros cultivos como la fruta o la horticultura?
Son secundarios. La horticultura se realiza mayoritariamente en invernaderos, donde el clima se puede controlar, y la fruticultura es muy limitada. De momento no se ha visto afectada, aunque en el futuro podría cambiar si las condiciones térmicas se acentúan.

En los últimos años han aparecido nuevos cultivos como la vid o el olivo. ¿Qué recorrido tienen?
Es pronto para saberlo. Pueden tener cierto recorrido si el mercado local, especialmente el turístico, los absorbe. Pero pensar en grandes superficies dedicadas a estos cultivos no parece realista. Además, hay factores como el viento que pueden afectar mucho, sobre todo al olivo.

Pasemos a la ganadería, que es el eje del sector. ¿Cuál es la situación actual?
La ganadería vacuna lechera es el pilar del campo menorquín. Tenemos entre 9.000 y 9.500 cabezas y unas 109 explotaciones. Se producen unos 45 millones de litros de leche al año, destinados casi en su totalidad a la elaboración de queso Mahón-Menorca.

¿Cómo ha evolucionado el sector en las últimas décadas?
Ha habido una concentración muy importante. A principios de los años noventa había unas 450 explotaciones. Hoy quedan poco más de un centenar. Se han ido agrupando para intentar mejorar su viabilidad económica.

¿Y esa viabilidad está garantizada hoy?
No. Ha mejorado algo el precio de la leche, pero sigue siendo insuficiente. Se está pagando en torno a 0,46 euros por litro, cuando los costes están en torno a 0,65. La diferencia se cubre con ayudas. Sin ellas, muchas explotaciones cerrarían.

¿Qué impacto tiene el cambio climático en la ganadería?
El principal problema es el calor en verano. Las vacas sufren estrés térmico, comen menos y producen menos leche. Esto se puede mitigar con inversiones, como ventiladores, pero supone un coste añadido. En invierno ocurre lo contrario, pero el balance global es negativo.

Si el cambio climático se intensifica, ¿el sector podrá adaptarse?
La agricultura sí, porque los cultivos son anuales y se pueden adaptar relativamente rápido. La ganadería es más compleja. Requiere inversiones y, aun así, la producción probablemente bajaría.

Sin embargo, usted insiste en que el principal problema no es el clima. ¿Cuál es entonces?
Es económico. El futuro del sector está más condicionado por la PAC, por acuerdos como el de Mercosur, por los costes de la doble insularidad, por el incumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria y por la falta de protección del sector.

También ha hecho una reflexión sobre el agua.
Sí, porque es fundamental. El agua es el principio de todo. Y no se está gestionando bien. Es incomprensible que no se aprovechen mejor las aguas residuales o que no se apueste más por desaladoras con energía solar. Tenemos recursos para hacerlo.

Para terminar, ¿cómo resumiría la situación del campo menorquín?
Diría que el impacto del cambio climático ha sido, hasta ahora, moderado. Pero el futuro del sector está seriamente comprometido si no se corrigen los problemas estructurales. El clima influye, pero la economía decide.

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