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Los milagros del PP

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El milagro de la multiplicación de los panes y los peces es el único que aparece en los cuatro evangelios. Jesús alimenta a cinco mil hombres con cinco panes y dos peces. Esta fe, lejos de quedar confinada a las iglesias, parece haber encontrado un despacho en la calle Génova de Madrid donde la reducción de ingresos convive con el aumento del gasto. Las propuestas del Partido Popular exigen rebajas fiscales que aporten 900 euros a cada familia. Como en España hay unos 19 millones hogares, producirían un agujero de 17.000 millones de euros. Simultáneamente, piden que el gasto en Defensa pase del 2% al 5% del PIB, debido a las exigencias de Trump. Esta ambición bélica requiere 50.000 millones de euros adicionales. El sumatorio arroja un saldo de 67.000 millones de euros: exactamente el coste total de la educación pública en España.

Hay una base sociológica que explica por qué este discurso cala. Las encuestas nos dicen que, en España la mayoría de los creyentes son votantes de derechas. A ellos les cuesta menos creer en los milagros. Sin embargo, para los laicos o los que necesitan un barniz de ciencia para justificar su fe, siempre queda el recurso de la curva de Laffer. Ese gráfico asegura que bajando los impuestos suben los ingresos porque la actividad económica aumenta, aunque la realidad se empeñe en demostrar que bajar impuestos solo sirve para que el Estado tenga menos dinero y los servicios públicos estén peor atendidos.

La estrategia de oposición es vieja: asfixiar las arcas públicas exigiendo bajadas de impuestos y mayor inversión, esperando que el sistema colapse. Pero la historia reciente nos recuerda lo que ocurre cuando estos profetas de la baja fiscalidad alcanzan el poder. Cristóbal Montoro lo demostró con su famosa frase «que se hunda España, que ya la levantaremos nosotros». Al llegar al Gobierno a finales de 2011, tras años de prometer bajadas de impuestos, el PP ejecutó la mayor subida fiscal de la historia democrática. El milagro consistió en decir una cosa y hacer exactamente la contraria.
Jugar con la ortodoxia económica es divertido en los mítines, pero arriesgado en los mercados.

La mística económica de la derecha española sigue fiando su suerte a que las cuentas cuadren por intervención divina. Pero cuando la fe choca con el balance, los que acaban pagando la cuenta del milagro no son los profetas, sino los que se sientan a la mesa esperando un pan y unos peces.

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