Los españoles no parecen dispuestos a renunciar a viajar. Ni siquiera en un contexto marcado por la inflación, la incertidumbre económica o la sensación permanente de inestabilidad internacional. El informe Ávoris Travel Insights, elaborado a partir de una encuesta a 700 viajeros y datos del INE, confirma que el gasto en ocio turístico de este año continuará creciendo. Si bien es cierto que el estudio fue publicado en enero, cuando todavía estaba por estallar la última de las crisis con la guerra de Irán, más de la mitad de los encuestados afirmaba con seguridad que realizará, al menos, un viaje de ocio aunque ello no se traduzca en más desplazamientos ya que el número medio de viajes bajará de 3,1 a 2,7. También marcaba una tendencia a la contención con un dato de menor gasto por familia que pasaría de los 3.000 a los 2.780 euros.
En clave menorquina, el informe hablaba de un dato especialmente interesante que jugaba a nuestro favor. Los viajeros priorizan cada vez más la comodidad, la logística sencilla, la seguridad y la flexibilidad. Y eso explica bastantes cosas de cómo está evolucionando el turismo. Empieza a imponerse un modelo más pausado y probablemente también más racional. El propio estudio detectaba un creciente interés por las experiencias vinculadas a la vida local, la gastronomía, la cultura y la naturaleza. La sostenibilidad, por ejemplo, ya no se percibe solo como un concepto abstracto o una etiqueta. Según el estudio, los viajeros valoran especialmente aspectos concretos como la conservación del entorno natural, el producto local o la integración con la comunidad.
En este sentido, Menorca encaja a la perfección en este escenario soñado. Disfrutar del paisaje, la tranquilidad, las distancias cortas o la posibilidad de combinar mar, gastronomía y cierta sensación de desconexión real supone un atractivo irresistible para muchos viajeros. El gran interrogante es saber si toda esta atracción, la estamos sabiendo traducir en un mayor bienestar para quienes vivimos aquí. Y es precisamente en esa respuesta, donde la sociedad menorquina sigue sin acabar de ponerse de acuerdo.