Lo que pasó en 2022 generó mucha desilusión entre los inversores más conservadores.
Las subidas verticales de tipos de interés en Europa y EE.UU hicieron que muchas carteras de renta fija (tanto de compras directas como de fondos de inversión) cayeran con mucha fuerza, en algunos casos, más que la bolsa. Es difícil explicar a personas que no quieren arriesgar su dinero que en cuestión de un año sus inversiones valgan entre un 6 y un 20% menos (hay excepciones agradables y otras con caídas superiores).
Mucha gente no sabía que la Renta Fija no es segura ya sea por falta de interés o de buenas explicaciones por parte de asesores, comerciales, gestores… La causa fue una subida, también vertical, de la inflación, una reacción tardía de los bancos centrales y, el mencionado exceso de confianza/desconocimiento de los inversores. Y aunque en finanzas la memoria de la gente suele ser corta, desde 2022 no hace tanto tiempo y el daño fue tal que ahora saltan las alarmas.
Y es lógico relacionar subida de petróleo, con subida de inflación, con subida de tipos de interés, con bajadas en renta fija.
Pero, afortunadamente, la situación de 2022 es muy diferente a la actual. Aún distinta, ¿puede haber caídas en las inversiones de renta fija?
La respuesta es sí, por dos motivos. Por un lado por el «riesgo de tipos de interés»: si realmente hay subidas de tipos, la rentabilidad de los bonos emitidos sube y para ello tiene que bajar el precio del bono. Es complicado de explicar, lo básico es entender que si suben tipos de interés baja el precio del bono que ya está en cartera (de ahí las fuertes pérdidas de 2022). Si pensar en ese riesgo es normal, hay otro que no puede obviarse y, además, es más fácil de entender: «el riesgo de crédito». Si la subida de inflación y de tipos provoca que a las empresas les vaya peor (incremento de costes financieros, menos márgenes, menos consumo…) puede haber riesgo de impagos de deuda; algo que puede pasar también en bonos públicos. Y ojo, porque el impacto en las carteras se nota sin necesidad de quiebra, basta que aumente ese riesgo. Pero como he dicho, hay diferencias respecto a 2022:
En primer lugar no se trata de una inflación motivada por exceso de consumo como en el 22, en parte provocada por los tipos de interés negativos que vivimos durante los años previos. La actual inflación es debida a un problema de suministro de petróleo, algo que no se arregla subiendo tipos de interés; de hecho lo perjudica, así que los bancos centrales tienen que ir con pies de plomo. Pero como no sabemos ni si el petróleo estará caro mucho tiempo, ni si los bancos centrales volverán a ser irresponsables (con su historial no podemos confiar) hay que recurrir a una derivada más matemática:
Los tipos actuales ya son altos, por lo tanto el impacto en el precio de los bonos es menor que en 2022 cuyas subidas fueron exponenciales. Tras ver todos estos factores, la conclusión es más simple de lo que parece: la renta fija puede proteger las carteras de inversión si se selecciona muy bien y asumiendo un riesgo real, pero diferente al de 2022.