Cuando hablamos del sector salud siempre lo hacemos de una variedad muy amplia de empresas formadas por varios subsectores: Podemos invertir en farmacéuticas convencionales, en biotecnología, en «medtech», en hospitales, en laboratorios, en complementos… Cada tipo de empresas tiene sus especificidades, pero, en general, no han sido bien tratadas por las diferentes bolsas en los últimos años. Y realmente esa alta gama de empresas es un doble filo para los inversores: Por una parte, si el sector le gusta, permite diversificar en varios tipos de empresa diferente. Pero por otro hace más complicada la selección de valores ya que el dinero es limitado y, además, no podemos olvidarnos de invertir en otros sectores. En general, el sector salud, como tantos otros, ha pasado por momentos muy diferentes en los últimos años.
Parecía que la pandemia de la COVID pondría en valor la inversión en este tipo de empresas, ya que por un riesgo a la salud se había parado el mundo por completo. Y muchos comentarios eran «hay que invertir en farmacéuticas, que se van a forrar». Pues no fue tan fácil: en los peores momentos, el sector bajó mucho, casi tanto como otros, y tras una subida relativamente rápida se quedó estancado desde septiembre de 2021 hasta ahora, con algunas alegrías puntuales provocadas por la fiebre de los «medicamentos adelgazantes» de Eli Lilly y Novo Nordisk.
Y es curioso porque reúnen dos condiciones que durante los últimos años la podían hacer ser vistas como empresas más que atractivas para invertir: A su sesgo defensivo no dependiente del ciclo económico (aunque la economía vaya mal, la gente tendrá que cuidarse y/o curarse, ya sea con medicamentos, operaciones quirúrgicas, ingresos hospitalarios…) se une que presentan unas valoraciones más que atractivas. Sin embargo, hasta ahora no han acabado de repuntar. Posiblemente, ciertas inconsistencias políticas, especialmente en Estados Unidos, han afectado: temas legales, ayudas públicas, incluso aranceles han lastrado, en parte, la rentabilidad de estas empresas.
Pero el motivo principal es algo más simplón: los ojos de los inversores estaban puestos en las grandes tecnológicas potenciadoras de la Inteligencia Artificial (datos, semiconductores, memorias…) y ni siquiera se salvó el «Medtech» más asimilado al software que a este tipo de empresas. Pero a finales de junio los inversores empezaron a recoger beneficios de la Inteligencia Artificial (lo comentamos aquí la semana pasada) y han movido ese dinero hacia otros más baratos: consumo y salud, principalmente.
Y aquí es donde pueden venir los problemas para los pequeños inversores. En primer lugar porque muchos invierten en fondos indexados y la salud no es un sector muy representativo. Pero también lo es por lo comentado al principio del artículo: por la diversidad de empresa que hay. Y, por supuesto, una solución fácil para quien quiera diversificar más es hacerlo vía fondos de inversión: los hay globales de gestoras muy reconocidas como Polar y su Capital Biotechnology, BlacRock y su BGF World Healthscience, o AllianceBernstein con su AB International Health Care Portfolio. También los hay sub-sectoriales como el Candriam Equities L Oncology Fund o el Bellevue Medtech & Services. Y para los amantes de los pasivos, también hay fondos globales pasivos como el iShares Global Healthcare ETF.