En muchas zonas turísticas de Mallorca, la falta de mantenimiento y deterioro de servicios públicos es más que evidente. Basta recorrer algunos de los principales destinos del norte de la isla para comprobar a simple vista una creciente sensación de decadencia urbana. Can Picafort, Platges de Muro y Alcúdia son ejemplos evidentes de una situación que va mucho más allá de incidencias puntuales. Se trata de destinos consolidados que generan una parte muy importante de la riqueza turística de la isla, pero cuyo espacio público transmite demasiadas veces una imagen de abandono, desgaste total y falta de mantenimiento.
El problema más visible es la limpieza municipal. En Can Picafort la situación ha alcanzado niveles difíciles de entender. Prácticamente todos los contenedores se han convertido en auténticos focos de malos olores, hasta el punto de que resulta habitual ver a turistas y residentes tapándose la nariz al pasar junto a ellos. Cuando la suciedad y los olores dejan de ser excepcionales para convertirse en parte del paisaje cotidiano, algo está fallando claramente. La jardinería tampoco atraviesa su mejor momento. Parques, jardines y parterres muestran en demasiados casos una evidente falta de mantenimiento. Una imagen descuidada que resta atractivo e ilusión a residentes y visitantes.
En Platges de Muro la planificación de las obras públicas vuelve a generar interrogantes. Resulta difícil comprender que actuaciones de embellecimiento se prolonguen hasta pleno mes de julio. Que las obras concluyan en temporada alta, demuestra una preocupante desconexión entre la gestión administrativa y la realidad económica. Mientras tanto, algunas calles y zonas verdes presentan un estado más próximo al de un vertedero improvisado que al de un espacio público de calidad.
Alcúdia, por su mayor extensión, arrastra problemas estructurales aún más profundos. La carretera Alcúdia-Artà o la zona de los lagos evidencian años de mantenimiento insuficiente. Aceras sin bordillos ni baldosas, contenedores desbordados, mobiliario urbano degradado y espacios que, en algunos puntos, se asemejan más a una chatarrería que a uno de los principales escaparates turísticos de Mallorca. Y si esto no fuera poco, estas últimas semanas asistimos a cortes intermitentes de luz debido a roturas de cableado eléctrico y caída de transformadores. A ello se suma el interminable caso de la conocida calle Pere Mas i Reus. Una obra que sigue generando quejas entre los comerciantes afectados, obligados a convivir con retrasos, dificultades de acceso e incertidumbre en uno de los espacios comerciales más importantes del municipio.
La cuestión de fondo es sencilla: un destino turístico no puede vivir únicamente de su paisaje, de su clima o de lo que fue en el pasado. La limpieza, el mantenimiento urbano, la jardinería y una correcta planificación de las obras forman parte de la experiencia que se ofrece a residentes y visitantes. Cuando estos elementos fallan de manera continuada, la imagen del destino se deteriora. El norte de Mallorca continúa siendo uno de los grandes activos económicos de la isla. Precisamente por ello merece una gestión pública a la altura de lo que aporta. Porque cuando el deterioro se vuelve evidente para todos, dejar de actuar ya no es una opción.