La Fundación Aspas nació en 1977 por iniciativa de un grupo de padres de personas con discapacidad auditiva que deseaban que sus hijos pudieran integrarse en centros educativos ordinarios. En aquella época, las personas sordas eran escolarizadas, de forma prácticamente generalizada, en el colegio de La Purísima. El director gerente de la Fundación Aspas, Jaime Ferrer, explica que «estos padres querían que sus hijos fueran a escuelas ordinarias y no a La Purísima. Hoy en día, ese objetivo se ha conseguido».
Desde sus inicios, la entidad fue ampliando sus servicios para dar respuesta a las diferentes necesidades de las personas con discapacidad auditiva, tanto en el ámbito laboral como en el social. Entre ellos destaca el servicio de inserción laboral, en el que un preparador laboral acompaña a las personas con discapacidad auditiva en la búsqueda de empleo y les presta apoyo durante su incorporación al puesto de trabajo.
La inmersión de Aspas en el ámbito de la restauración comenzó en noviembre de 2009 con la apertura de su primer café, situado junto a la sede central de la fundación. «Coincidió con la gran crisis económica en España. En ese momento apenas había trabajo y el espacio donde ahora está el café iba a destinarse inicialmente a aulas. Sin embargo, propuse crear un café para generar empleo nosotros mismos», cuenta Ferrer. Posteriormente, en 2015, la fundación abrió un segundo establecimiento dentro de la tienda de Fronda de la calle General Riera y, en septiembre de 2020, inauguraron un tercer local junto al Colegio de Abogados, en La Rambla. «Con ambas entidades llegamos a un acuerdo para poder gestionar estos espacios», señala.
Actualmente, Aspas ofrece formación profesional dual en las especialidades de administración y restaurante-bar, donde prepara a futuros auxiliares de camarero y camareros. Hoy en día, cuentan con dos grupos: uno en administración, formado por cinco alumnos, y otro de restaurante-bar integrado por diez. Ambos itinerarios combinan un 50% de formación teórica con un 50% de formación práctica, que los estudiantes desarrollan en los propios centros de la fundación.
En el caso de la formación en administración, las prácticas se realizan en la oficinas de Aspas, aunque la entidad aspira a establecer colaboraciones con empresas externas para que los alumnos puedan completar su formación en entornos laborales ordinarios. «Nuestra estructura administrativa no da para tener 30 administrativos. Nuestro objetivo es que empresas externas nos apoyen para que nuestros alumnos puedan realizar sus prácticas en una empresa ordinaria. Esto les favorecería mucho», reconoce Ferrer. Por su parte, los alumnos de restaurante-bar realizan las prácticas en alguno de los tres establecimientos de la fundación. Ambas formaciones tienen una duración de tres años y pretenden facilitar la incorporación de los alumnos al mercado laboral ordinario. «El centro especial de empleo se concibe como un tránsito hacia la empresa ordinaria. Aunque, es cierto que algunas personas presentan mayores dificultades y, por ello, continúan trabajando con nosotros», explica Ferrer.
En cuanto a la plantilla, en el café de la sede central cuenta con 25 trabajadores, el establecimiento de Fronda con 20 y el de La Rambla con 15. Según Ferrer, «el café central es el que mayor volumen de actividad genera, seguido por el de Fronda y, finalmente, el de La Rambla, que es el más pequeño. Al principio nos parecía mucho preparar diez menús al día; después pasamos a quince. El año pasado servimos 110.000 menús entre los tres cafés», admite Ferrer.
Además del servicio de cafetería y restauración, Aspas desarrolla un servicio de catering. La mayor parte de las elaboraciones se realizan en el café central, aunque, siempre que es posible, el trabajo se distribuye en los tres establecimientos en función de las características y la ubicación de cada evento. «Servimos caterings para 200 o 300 personas. Es una línea de negocio que ha crecido mucho y que, actualmente, tiene un gran potencial para seguir generando empleo», afirma Ferrer.
Aunque Aspas es una entidad sin ánimo de lucro, su actividad debe ser económicamente sostenible. «Cualquier empresa, tenga o no ánimo de lucro, debe contar con un margen económico. Todos los beneficios que obtenemos se reinvierten íntegramente en la entidad», subraya.