Fundada en 1928, Óptica Carreras ha sabido evolucionar hasta convertirse en un centro especializado en salud visual. Sin perder su carácter de proximidad, la tercera generación de este negocio familiar, encabezada por Gràcia Carreras Fiol, gestiona el día a día con una voluntad de servicio cuya prioridad ha sido siempre el paciente. En un escenario marcado por el aumento de la miopía infantil, los problemas de enfoque, el ojo seco o determinadas patologías, la empresa se ha consolidado como uno de los centros más avanzados de Menorca, construyendo un modelo propio basado en la optometría, la formación continua y una atención muy personalizada que permite abordar en la Isla casos con la misma profesionalidad que en centros especializados de fuera.
ORÍGENES.
Situada en pleno corazón de Maó, la trayectoria de Óptica Carreras da profundidad al camino recorrido. El origen del negocio se encuentra en una joyería y óptica impulsada por Antonio Carreras en 1928. Tras su inesperado fallecimiento en 1936, su esposa, Ana Tudurí, tuvo que hacerse cargo del establecimiento en una etapa sumamente difícil. Durante años, muchos menorquines conocieron el negocio precisamente como Viuda de Carreras. Más tarde, su hijo Benjamín Carreras dio continuidad al proyecto, reforzando la óptica e incorporando avances como las lentes de contacto o los cristales progresivos.
Gràcia Carreras creció entre aquellas paredes. De pequeña vivía en el mismo edificio y recuerda bajar a la óptica atraída por aquel oficio que acabaría convirtiéndose en su vocación. «Me encanta aprender», reconoce. Esa pasión explica en buena medida el salto que ha dado el negocio en los últimos años y la decisión de concentrar sus esfuerzos en una única sede, después de haber tenido otro establecimiento, para poder dedicar más tiempo a la optometría y menos a la gestión.
Óptica Carreras cuenta actualmente con un equipo de seis personas, tres de ellas optometristas, y trabaja desde su sede central en la Costa de Sa Plaça, que ocupa unos 200 metros cuadrados distribuidos en diferentes plantas. Tras nueve meses de obras, el establecimiento acaba de reabrir sus puertas con diversas consultas, sala de evaluación, sala de terapia visual, área de contactología, termoterapia, taller y almacén. Cada planta responde a una función y cada espacio se ha pensado para facilitar una atención más técnica, cómoda y completa. La venta de gafas sigue formando parte de la actividad, pero ya no explica por completo lo que ocurre dentro de Óptica Carreras. Su verdadero elemento diferencial es la apuesta por la salud visual.
MIOPÍA.
Uno de los ámbitos en los que Óptica Carreras ha puesto más atención es en el control de la miopía, especialmente en niños y jóvenes. La miopía se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de los profesionales de la salud visual, no solo porque cada vez aparece con más frecuencia, sino porque su progresión puede estar asociada en el futuro a un mayor riesgo de determinadas patologías oculares. En este campo, la óptica trabaja con diferentes soluciones, entre ellas la ortoqueratología, conocida como Orto-K, unas lentillas que se utilizan durante la noche y permiten ver bien durante el día sin necesidad de gafas ni lentes de contacto.
Su valor, sin embargo, va más allá de la comodidad. La Orto-K es una de las herramientas que se utilizan para intentar ralentizar la progresión de la miopía en edades tempranas. «Si podemos evitar que un niño aumente una dioptría, ya estamos haciendo algo muy importante», explica Carreras, especialmente sensibilizada con una realidad que también conoce por experiencia personal. La prevención, en este caso, no se limita a mejorar la visión inmediata, sino que mira hacia la salud ocular futura.
LENTES ESCLERALES.
Otro de los campos en los que la óptica se ha especializado ha sido la adaptación de lentes esclerales, indicadas para personas con problemas visuales importantes, patologías corneales, queratocono, trasplantes de córnea o casos severos de ojo seco. Se trata de lentes que no se apoyan directamente sobre la córnea, sino sobre la esclera, la parte blanca del ojo, y que requieren una adaptación muy precisa.
Para ello, Carreras dispone de tecnología específica que permite medir con detalle la forma de la córnea y de la esclera para personalizar al máximo cada lente. En este tipo de casos, la diferencia puede ser enorme. Gràcia recuerda pacientes que, después de años con una visión muy limitada, han conseguido recuperar una parte importante de su capacidad visual gracias a una adaptación personalizada. Son situaciones que explican por qué insiste en que la optometría no debe entenderse solo como una graduación. «Dar buena calidad visual es también dar calidad de vida», sostiene.
TERAPIA VISUAL.
La terapia visual es otra de las áreas que mejor define su manera de trabajar. Se trata de un conjunto de ejercicios y técnicas que ayudan a mejorar habilidades visuales como el enfoque, la convergencia, los movimientos oculares o la coordinación entre ambos ojos. En ocasiones, detrás de un niño que lee mal, que se cansa pronto, que evita la lectura o que no aguanta mucho tiempo delante de un papel puede haber un problema visual que no se detecta en una revisión convencional. También hay adultos que, después de muchas horas de trabajo de cerca o de determinadas situaciones de estrés visual, presentan dificultades que pueden mejorar con una intervención específica. Óptica Carreras dispone de una sala propia de terapia visual y ha incorporado también herramientas de realidad virtual para trabajar aspectos como la percepción visual, los movimientos oculares, determinados estrabismos o la rehabilitación del campo visual. La llegada de pacientes derivados por oftalmólogos, psicólogos, logopedas, fisioterapeutas o tutores escolares refleja hasta qué punto este tipo de atención se sitúa en un terreno cada vez más transversal.
OJO SECO.
El ojo seco es otro ejemplo de cómo ha cambiado la consulta diaria. Carreras explica que cada vez llegan personas más jóvenes con molestias relacionadas con la calidad de la lágrima, una situación favorecida por el uso continuado de dispositivos electrónicos y la reducción del parpadeo. La óptica dispone de tecnología para valorar la lágrima y de un servicio de termoterapia destinado a estimular las glándulas que intervienen en su composición. «Uno no se da cuenta de la importancia de la lágrima hasta que la pierde», suele decir para describir una molestia que, en los casos más severos, puede afectar de forma importante a la vida cotidiana.
BAJA VISIÓN.
La baja visión completa este mapa de servicios especializados. En este caso, el objetivo es ayudar a personas que conservan un resto visual reducido a aprovechar mejor su capacidad mediante ayudas ópticas, sistemas de magnificación o filtros que permiten mejorar el contraste. La mayoría suelen ser personas mayores o pacientes con patologías que limitan su visión, aunque también puede haber niños o jóvenes con problemas visuales severos. La finalidad vuelve a ser la misma, adaptar la solución a cada caso concreto y no al revés.
A las puertas de su centenario, Óptica Carreras llega a esta nueva etapa con la tranquilidad de quien ha sabido cambiar sin romper con su historia. La empresa conserva el valor de un comercio familiar con raíces profundas en Maó, pero ha ampliado su papel hasta situarse en un terreno mucho más especializado. La diferencia está en una manera de trabajar que combina oficio, tecnología y tiempo dedicado al paciente. Una forma de entender la salud visual que mira más allá de la graduación y que resume la evolución de una óptica que lleva casi cien años formando parte de la vida comercial y sanitaria de la ciudad.