Can Secret, el nuevo restaurante del Agroturismo Safragell, abrió sus puertas desvelando el secreto mejor guardado de la isla. Un proyecto con identidad propia que sitúa a la gastronomía pitiusa en el centro de una experiencia conectada con el territorio, el paisaje y la Ibiza más auténtica. Concebido como el corazón gastronómico de Agroturismo Safragell, Can Secret nace con vocación de convertirse en uno de esos lugares que se descubren casi por casualidad y se recomiendan por convicción: un refugio selecto, elegante y sereno, alejado de lo evidente, para mostrar lo esencial.
Con una propuesta culinaria que se define como ‘Cuina amb ànima’, la identidad de Can Secret se construye desde la cercanía, la autenticidad y una experiencia gastronómica íntima vinculada al territorio. Su propio universo visual y conceptual remite a la idea de atravesar un umbral hacia un lugar especial, donde la naturaleza, la calma y la cocina se encuentran. Ese relato se traslada ahora a una propuesta contemporánea que fusiona la cocina mediterránea con sabores del mundo, siempre desde el respeto al origen y a la calidad del producto.
La carta de Can Secret arranca con una declaración de intenciones clara y recorre el producto local y de temporada con elaboraciones pensadas para compartir y descubrir, en las que el aceite de oliva virgen extra es uno de los pilares de su cocina, para la que se utilizan distintas variedades monovarietales, elegidas para acompañar cada plato y realzar sus matices. «Un buen aceite no tapa el plato, lo revela», apuntan desde la dirección de Can Secret. Entre sus propuestas destacan platos como el puerro KM0 confitado al Josper con romesco, la berenjena mediterránea sobre tahíni cítrico con tomate Toscana y almendra, la zanahoria asada al curry con labneh o la remolacha asada al pesto de rúcula y queso de cabra, junto a bocados de mar como el ceviche de corvina y mango, el taco crujiente de vieira y gamba roja o la lubina salvaje con crema de hinojo asado. La oferta se completa con recetas como la lasaña de alcachofa, el risotto de trufa y setas, los noodles con atún rojo, la suprema de pollo payés al Josper, el costillar de cerdo negro a baja temperatura o la carrillera de ternera al vino tinto, además de postres como el esponjoso de albahaca con chocolate blanco, la ganache de chocolate, tahini y miso o la tarta intensa de queso.
«Nuestra cocina nace de una idea sencilla: respetar el producto y dejar que hable por sí mismo. Por eso trabajamos con ingredientes de calidad, siempre que es posible de cercanía, muchos de ellos procedentes de nuestro propio huerto, con una profunda admiración por el producto español y por quienes lo cultivan, lo pescan o lo crían, con respeto por la tierra y el mar», sentencian sus impulsores.
De sus 28 platos, la mitad son aptos para vegetarianos y veganos, en una apuesta coherente con la riqueza agrícola del entorno y con una forma actual, flexible y consciente de entender la gastronomía. A esta filosofía se suma otro aspecto diferencial, el 90% de sus propuestas serán gluten free, una decisión especialmente relevante que amplía la experiencia a todos los comensales sin renunciar al sabor, a la técnica, ni a la personalidad del proyecto. Entre sus principales atractivos destaca también un menú gastronómico maridado con diferentes vinos, disponibles por copa o media copa, pensado para que el comensal pueda construir una experiencia más abierta, pausada y personal.