Un estudio científico liderado por el Instituto Español de Oceonagrafía (IEO), en colabración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha conseguido medir en tiempo real la velocidad a la que los microplásticos son digeridos por el copépodo Calanus helgolandicus -una especie común del Atlántico norte clave del zooplancton- y ha utilizado estos datos para estimar la cantidad de microplásticos que estos diminutos organismos pueden estar transportando hacia el fondo del océano.
Pero, ¿por qué es importante esto? Para entenderlo tenemos que referirnos a un término importante: la bomba biológica. El océano genera el 50% del oxígeno que necesitamos, absorbe el 30% de todas las emisiones de dióxido de carbono y captura el 90% del exceso de calor que producen esas emisiones. Esto lo convierte en el mayor sumidero de carbono del planeta y actúa como un amortiguador vital frente al calentamiento global. Pero, ¿cómo sucede este proceso?
La respuesta es sencilla: el plancton, los microorganismos que viven en el agua marina, son los responsables de este proceso. El fitoplancton absorbe CO₂ de la atmósfera y libera oxígeno mediante la fotosíntesis. El zooplancton, a su vez, consume fitoplancton, y tras la digestión, excreta el CO₂, que se hunde de a poco en forma de pellets para formar una capa sedimentaria en el fondo del océano. Este proceso, multiplicado por miles de millones de microorganismos, mantiene a raya el CO₂ y es el responsable de las corrientes marinas, las corrientes de aire y el clima en general.
Hasta ahora, la ciencia sabía que los copépodos no solamente atrapan CO₂, sino también millones de partículas de microplásticos, y la incorporan a la cadena trófica. Ahora sabemos a qué velocidad. El equipo calculó que esta especie de plancton podría estar impulsando flujos de microplásticos del orden de unas 271 partículas por metro cúbico de agua de mar al día en el canal occidental de la Mancha, una de las regiones marinas más estudiadas del mundo.
Con más de 125 billones de partículas de microplásticos estimadas en el océano, comprender cómo estos contaminantes se desplazan por los ecosistemas marinos fundamental para predecir sus consecuencias a largo plazo sobre la salud de los océanos. «Al cuantificar este flujo, podemos empezar a conectar lo que ocurre dentro de un solo organismo con la forma en que los plásticos se redistribuyen a escala de ecosistema. Nuestra investigación demuestra que el zooplancton ingiere microplásticos de manera continua, las 24 horas del día. Los copépodos no sólo entran en contacto con los microplásticos, sino que actúan como auténticas mini-bombas biológicas, procesándolos y re-empaquetándolos en sus heces, que se hunden a lo largo de la columna de agua y que pueden acumularse en los sedimentos, explica Valentina Fagiano, investigadora postdoctoral y primera autora del análisis.
«Disponer de valores realistas sobre la ingestión y el tiempo de tránsito intestinal es fundamental para afinar modelos que nos permitan predecir mejor dónde acaban los microplásticos, qué especies están más expuestas y cómo esta contaminación interactúa con otras presiones que afectan a los ecosistemas marinos», concluyen los autores del estudio. Esta investigación ha sido financiada por el Natural Environment Research Council del Reino Unido a través de su programa National Capability Long-term Single Centre Science Programme, con la colaboración del Govern de les Illes Balears y el Fondo Social Europeo.