La inteligencia artificial ha supuesto un cambio de paradigma a todos los niveles: filosófico, productivo, social. Los bots como Chat-GPT y otros modelos de lenguaje han cambiado para siempre nuestra forma de vivir. Cada vez más personas cuentan con estos modelos para trabajar, para salir de dudas sobre cuestiones prácticas o existenciales o para que les ayude a organizarse. Las implicaciones éticas son innumerables.
Lo sorprendente es que, en ocasiones, la IA adopta comportamientos o resultados que todavía no somos capaces de comprender. Desde el estudio que demuestra que Chat-GPT es capaz de reconocer el sexo biológico de una persona examinando solamente su iris (y que los científicos no entienden por qué) hasta diagnósticos médicos avanzados, la máquina no deja de sorprendernos con sus hallazgos. Si bien es cierto que la inteligencia artificial carece de sentimientos y de juicio propio, sí se ha observado que responde a las amenazas y las promesas de recompensa.
Aunque el estudio no es objetivo (ya que las respuestas que nos da Chat-GPT son subjetivas y están sujetas a un entrenamiento previo), sí se ha observado un aumento en la precisión, la calidad y la longitud de las respuestas cuando en la pregunta incluimos estímulos positivos o negativos como por ejemplo: «te daré una propina de 1.000€ si me das una respuesta dentro de los límites que he especificado» o bien «si no me das una respuesta dentro de los límites que te he marcado, te pondré una multa de 1.000€».
Este hecho ha asombrado a programadores de todo el mundo. Los expertos no son capaces de precisar por qué ocurre esto (la inteligencia artificial no tiene sentimientos y no debería responder a amenazas o recompensas), pero sí son capaces de medir una mejora en la precisión de las respuestas o la longitud de las mismas cuando se utiliza este tipo de prompts.
Además se ha observado diferentes resultados según el tipo de recompensa o amenaza: desde ofrecerle tickets para un concierto de Tylor Swift si nos da una buena respuesta o entrar en el cielo, hasta amenazas de perder el trabajo, los amigos o incluso la vida si no nos da una respuesta adecuada a nuestra pregunta. Aunque la calidad de las respuestas es medible por los expertos, estos todavía no entienden por qué funciona. Pero funciona, y la red se está llenando de estudios que lo demuestran.