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Las grandes empresas de IA ganan la batalla por el copyright

Imagen de archivo del Massachusets Institute of Technology, o MIT por sus siglas en inglés. | Foto: Pixabay

| Ibiza |

En los inicios de Internet, la batalla legal contra la piratería era ardua y voraz. Noticias en las que se intentaba procesar a jóvenes y adolescentes por descargar material con copyright en Internet poblaban los periódicos y servían de aviso para navegantes: con la piratería no se juega.

Entonces, descargar el último álbum de tu artista favorito se convertía en una operación de riesgo. Había cierta adrenalina que envolvía el acto, y te sentías fuera de la ley. Representantes de la SGAE llenaban minutos y horas en las tertulias. Enviaban comunicados de prensa y amenazaban a plataformas y usuarios. Pero todo eso quedó atrás con la llegada de la inteligencia artificial. Existen muchos casos de personas que fueron llevadas incluso a prisión por delitos de piratería.

Entre ellos, quizás el más extremo fue el caso de Aaron Swartz, un programador estadounidense que descargó 2.7 millones de documentos relacionados con la corte federal estadounidense. Estos documentos estaban alojados en la base de datos de PACER, una plataforma de acceso público de la corte estadounidense. El objetivo de Swartz era hacer más accesibles esos documentos, ya que el sistema PACER cobraba ocho céntimos de dólar por cada página descargada. En este punto conviene recordar que la información no estaba sujeta a copyright y era de dominio público.

Pero Swartz no era solamente un ingeniero curioso. Se convirtió en un activista por la libertad en Internet. Sus apariciones en público lo convirtieron en un objetivo para la Casa Blanca y en uno de los muchos mártires de la causa. Swartz había participado en la creación de Creative Commons, una organización dedicada a crear licencias de copyright libres, como también en la creación del formato web RSS y del foro Reddit, que luego fue vendido a la revista de viajes de lujo Condé Nast.

En 2011, Swartz fue arrestado por la policía del MIT, donde trabajaba. Se le acusaba de delitos de fraude digital. Fue condenado a una multa de un millón de dólares y 35 años de prisión. Se suicidó en su apartamento de Brooklin. Tenía 26 años.

¿Por qué esta noticia vuelve a tener relevancia en la actualidad? La clave reside en la piratería de las grandes compañías de inteligencia artificial. Las dudas saltaban al conocer el lanzamiento de ChatGPT. Entendimos entonces que una inteligencia artificial no es más que un programa informático entrenado para localizar, procesar, resumir y entregar información. Pero para que ese programa funcione, hay que alimentarlo de contenido. Ese contenido existe en Internet, pero muchos de esos artículos, obras de arte, canciones, libros, etcétera tienen copyright.

El lanzamiento sacudió tanto los cimientos de la tecnología que las preocupaciones por la piratería quedaron relegadas a un segundo plano. Algunas voces conservadoras clamaban por el derecho de los artistas a recibir regalías por su trabajo. El reclamo tenía lógica: si yo he escrito un libro y cobro por él, y ChatGPT lo ha descargado y alojado en su base de datos para entrenarse sin mi permiso, entonces OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT está cometiendo piratería.

ChatGPT tardó meses en entrenarse. Entre los miles de millones de documentos utilizados para su entrenamiento figuraba, por ejemplo, toda la Wikipedia. Las voces de alarma empezaron a sonar: ¿qué pasa con el copyright? ¿Por qué las grandes empresas tecnológicas pueden saltarse las leyes de piratería y los ciudadanos de a pie son sentenciados con décadas de prisión?

La batalla legal acaba de resolverse en los tribunales y las grandes empresas tecnológicas, como era esperado, han ganado. Dos decisiones judiciales recientes de los tribunales estadounidenses han fallado a favor de las grandes empresas tecnológicas: ahora pueden recabar toda la información que deseen, con copyright o sin él, en nombre de los avances de la inteligencia artificial. Uno de esos tribunales falló a favor de Anthropic, una empresa de inteligencia artificial que fue entrenada con millones de libros con propiedad intelectual.

Ahora, todo el contenido subido a Internet está a disposición de las empresas de inteligencia artificial. Pueden tomar todo lo que deseen para entrenar a sus modelos, sin infringir ninguna ley.

De esta forma, suceden dos fenómenos: si la IA puede rastrear todo el conocimiento digital en milisegundos y crear algo a partir de lo que ya existió, entonces el valor de la palabra escrita y de los contenidos creados para Internet cae en picado. Por el otro, todo lo que alguna vez publiques en Internet, incluidas obras originales, son susceptibles de usarse para entrenar cualquier inteligencia artificial. De esta manera, tu contenido nunca será es solamente tuyo. Es tuyo y de la IA.

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