La carrera espacial entre Washington y Pekín se encuentra en un punto de inflexión. La amenaza que supone para China el hecho de que un particular opere la red de satélites más grande del mundo, amenaza que se ha puesto en evidencia en la guerra de Ucrania, ha propiciado la creación de numerosos estudios académicos en China. Uno de los ejemplos publicados fue la negativa de Musk de dar cobertura al ejército ucranio durante un contraataque en Crimea, tras meses de proporcionar Internet al ejército de Ucrania en respuesta al corte de las telecomunicaciones en el país por parte de Rusia. El uso de la red de Internet resulta esencial no solamente para la comunicación entre el frente y el resto del país, sino también para operar los drones, el arma que ha revolucionado el paradigma bélico.
Para ello, científicos chinos han analizado el modus operandi de Starlink para buscar la manera de destruir la red de satélites que Musk mantiene en órbita. Uno de los métodos mencionados consiste en un submarino equipado con un láser espacial, capaz de derribar satélites. Otras opciones consisten en sabotear la cadena de suministros, que ya ha demostrado tener sus puntos débiles. Algunos sugieren crear una constelación de satélites espía que sigan a los de Starlink para recopilar información y dañar sus baterías mediante materiales corrosivos.
Otras opciones apuestan por telescopios ópticos que permitan monitorizar la red o generar objetivos falsos mediante deepfakes. La imaginación de los científicos está a la altura del desafío.
Pero esto no es todo: Pekín está en camino de construir su propia constelación de satélites en órbita. En 2021 China creó la empresa estatal SatNet para desarrollar una megaconstelación militar que contará con 13.000 satélites, de los cuales ya ha construido 60. Además, la compañía privada Qianfan, que cuenta con el respaldo del gobierno chino, ya ha lanzado 90 satélites de los 15.000 que planea poner en órbita. Europa, por su parte, no quiere quedarse atrás: la Unión Europea ya trabaja en su propia constelación satelital, la IRIS2.