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Editorial

Entre la preocupación y la esperanza

El Rey pronunció anoche uno de sus discursos más comprometidos, un mensaje en el que trató de transmitir a los ciudadanos la determinación del Estado en la lucha contra la expansión del coronavirus y la esperanza en que pronto podrá superarse la crisis. Don Felipe subrayó la necesidad de contar con el compromiso personal para que, acatando las indicaciones del Gobierno, poco a poco se logre vencer la expansión de una pandemia con unas graves consecuencias sanitarias, pero también económicas y sociales. El llamamiento a la unidad, en clara referencia a la clase política, fue una constante durante toda la alocución.

Respaldo al Gobierno.
Dentro del ajustado margen de maniobra que le otorga la Constitución, don Felipe asimiló la estrategia del Gobierno para frenar la crisis generada por la COVID-19 cuyos efectos devastadores sobre la economía española, al igual que en la mayoría de los países europeos y occidentales, es ya innegable. El Rey trató de transmitir confianza en el futuro, esperanza en que se logrará salir de esta situación tan adversa antes de lo que apuntan las previsiones más sombrías. Una apuesta por una evolución positiva que, en estos momentos, es preciso acoger con cierto escepticismo. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya vaticinó ayer en su comparecencia en el Congreso que todavía quedan momentos muy duros por llegar.

Momento muy complicado.
La comparecencia de don Felipe fue aprovechada por numerosos ciudadanos para dejar oír su protesta. La indignación de un sector de la población por el comportamiento de don Juan Carlos, investigado en Suiza por el cobro de comisiones millonarias, se hizo patente de manera muy ruidosa desde los balcones; los mismos que lanzan su aplauso solidario con la vanguardia de profesionales que combaten el coronavirus. El Rey ha cortado drásticamente el vínculo político con su padre, ahora hace falta saber si el gesto ha sido suficiente.

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