La Cruz Roja ha celebrado esta semana sus 150 años de presencia en Baleares en el transcurso de una gala en Mallorca que fue un rotundo éxito y evidenció el gran apego de la sociedad hacia esta institución que lleva a cabo una acción humanitaria impagable. En realidad, el acto debía celebrarse el año pasado, coincidiendo con la efeméride, pero la dana de Valencia, con sus efectos devastadores, obligó a aplazar la cita. La labor social de esta entidad cobra en la actualidad más valor, si cabe, por el ímprobo esfuerzo que realizan en el auxilio de las pateras que llegan casi a diario a las Pitiusas y en el resto del archipiélago balear. El número de embarcaciones se ha disparado en los últimos meses de manera alarmante y cada vez llegan más inmigrantes desesperados a nuestras costas. La primera atención es clave y la labor de la Creu Roja, en este sentido, es del todo encomiable. Sus voluntarios y técnicos arropan a estas personas vulnerables, muchas de las cuales han atravesado media África para embarcarse en una aventura que puede acabar con sus vidas, y les devuelven la humanidad que han perdido en el camino.
Los sin techo.
Pero esta no es la única crisis a la que se enfrenta Creu Roja en nuestras islas. De un tiempo a esta parte, se ha disparado el número de personas que pierden su casa o no pueden seguir pagando los alquileres disparatados que se solicitan, y acaban malviviendo en la calle, convertidos en sin techo. Esta institución es la encargada de localizar a cada una de estas personas vulnerables y prestarles la ayuda que pueden, en forma de comida o ropa de abrigo.
Más ayuda.
Creu Roja se financia con ayudas y contribuciones voluntarias, tanto de particulares como de empresas o instituciones o gobiernos. Así pues, es vital que estas partidas se mantengan o aumenten para garantizar que la gran labor social que llevan a cabo se perpetúa en el tiempo. Por otros 150 años más, por lo menos.