En una intervención militar «espectacular», el presidente Donald Trump dio un golpe contundente -y también previsible- sobre el tablero geopolítico internacional al atacar Venezuela y detener al presidente y dictador Nicolás Maduro. La operación militar provocó un terremoto mundial y un anuncio contundente: Estados Unidos asumirá el control del país y también la gestión de sus extraordinarios recursos energéticos.
Procesamiento por narcotráfico.
Maduro, capturado junto a su esposa Cilia Flores por una unidad de la fuerza de élite de los Delta Force, fue poco después trasladado al buque anfibio USS Iwo Jima, que puso rumbo a Nueva York. Ambos serán procesados por narcotráfico. Durante su comparecencia ante los medios, Trump advirtió que esta operación militar se inscribe en una ofensiva más amplia que incluye, entre otros objetivos, el de descabezar el llamado cartel de Los Soles, organización de cuya dirección acusa al mandatario venezolano. El presidente estadounidense tampoco ocultó que las petroleras de su país están dispuestas a invertir fuerte para restaurar la producción en Venezuela. «Vamos a hacer que nuestras grandes compañías, las más grandes de cualquier parte del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares, arreglen la maltrecha infraestructura, la infraestructura petrolera, y empiecen a ganar dinero para el país», aseguró.
División.
El ataque a Venezuela y la detención de Nicolás Maduro generaron durante la jornada de este sábado reacciones de todo tipo. Rusia, China e Irán se apresuraron a condenar y censurar la operación, mientras que países como Israel, Francia y Argentina felicitaron a Trump. La UE, que siempre ha defendido que Maduro carece de legitimidad, abogó por una transición pacífica y democrática. No obstante y al margen de cualquier opinión, existe un hecho indiscutible: Trump ha demostrado una vez más su indiscutible poder en el mundo.