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El Parador de Ibiza, una oportunidad para Dalt Vila

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La próxima apertura del Parador de Ibiza no es solo una noticia turística: es, sobre todo, un acontecimiento simbólico para la ciudad y para la isla entera. Tras casi dos décadas de espera, retrasos administrativos, dificultades técnicas y una larga lista de desencuentros entre instituciones, el proyecto que comenzó oficialmente con la colocación de la primera piedra en 2009 está a punto de convertirse, por fin, en una realidad tangible. Y lo hace en un enclave tan delicado como excepcional: Dalt Vila, corazón histórico de Ibiza y Patrimonio de la Humanidad desde 1999. Durante años, el Parador ha sido un proyecto tan deseado como cuestionado. Deseado porque prometía devolver vida, actividad y prestigio a una zona monumental que, pese a su valor histórico incuestionable, ha sufrido una progresiva pérdida de dinamismo. Cuestionado porque su ejecución parecía interminable y porque cada nuevo anuncio de apertura frustrada alimentaba el escepticismo ciudadano.

Dalt Vila.
El primer elemento que merece subrayarse es el impacto que el Parador puede tener en la revitalización de Dalt Vila. El recinto amurallado ha sido un espacio admirado por visitantes, pero también un lugar cada vez más silencioso, con una población residente menguante y una actividad económica limitada a determinadas horas del día y a temporadas concretas. La instalación de un establecimiento hotelero de alto nivel, tiene la capacidad de generar un flujo constante de visitantes, de activar servicios complementarios, de incentivar la apertura de comercios de calidad y de devolver vida a sus calles.

Edificio con historia.
Y no se trata únicamente de sumar camas hoteleras, sino de apostar por un modelo turístico distinto. La marca Paradores está asociada, en el imaginario colectivo, a un turismo cultural, respetuoso con el entorno y con una capacidad de gasto superior a la media. En una isla que lleva años debatiendo sobre los límites del crecimiento y sobre la necesidad de atraer un turismo de mayor calidad frente al turismo masivo, la llegada del Parador puede convertirse en un ejemplo de diversificación inteligente. No atraerá multitudes, pero sí viajeros interesados en la historia, el patrimonio y la experiencia singular de alojarse en un edificio donde han ido apareciendo restos de distintas épocas, testigos de las sucesivas capas de civilización que han conformado la Ibiza actual. Lejos de ocultarlos o relegarlos a informes técnicos, el proyecto ha optado por integrarlos y hacerlos visibles. Que clientes y ciudadanos puedan contemplar esos hallazgos convierte al Parador en algo más que un simple alojamiento: en un espacio de divulgación y de memoria.

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