Tanto la Guardia Civil de Tráfico, como las distintas policías locales de la Isla, han detectado en los últimos meses que el uso del WhatsApp se ha disparado entre los conductores que circulan por la Isla. Se trata, a todas luces, de una imprudencia gravísima que se salda con numerosos accidentes, algunos de ellos mortales. Por este motivo, los equipos que reconstruyen los siniestros más graves ya tienen herramientas para comprobar si el conductor implicado estaba enviando o revisando mensajes de esa aplicación en el momento exacto del choque o atropello. Los investigadores también han detectado que muchos usuarios al instalado junto al volante, tanto en coches como en motos, un soporte que permite colocar el móvil en vertical, para saber si entran llamadas o mensajes. Pero muchos de ellos le dan un mal uso y mientras circulan aprovechan esa disposición del teléfono para escribir con él cuando hay una parada puntual en un semáforo o están detenidos en un atasco. Esto constituye una infracción y está penalizada. Sea como fuere, las campañas de sensibilización -algunas de las cuales son muy crudas- han demostrado que por sí solas no son suficientes para concienciar a los conductores de las actitudes irresponsables al volante.
Más controles
Una de las soluciones sería llevar a cabo más controles, no solo con patrullas uniformadas, sino con agentes de paisano que se camuflan entre la maraña de coches y van controlando quién está enviando mensajes por el móvil. El problema, sin embargo, es que las plantillas están muy ajustadas y no sobra personal.
Estadísticas
En España, las estadísticas señalan que usar esa aplicación de mensajería mientras el conductor circula dispara por 23 el riesgo de sufrir un accidente. Las multas de 200 euros y la pérdida de 6 puntos del carnet no parece que asusten demasiado a los imprudentes. La educación y la concienciación es la clave.