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Cuando cuidar se convierte en resistir

| Ibiza |

La cuarta semana de huelga médica en Baleares deja ya una cifra que no puede pasar desapercibida: 171 operaciones suspendidas y más de 8.100 consultas aplazadas. Son números que preocupan, que afectan a pacientes y familias, y que evidencian una situación de enorme tensión en la sanidad pública. Pero detrás de esas cifras existe una realidad todavía más profunda: la de unos profesionales sanitarios que han decidido plantarse después de años soportando jornadas interminables, guardias extenuantes y un sistema laboral que, según denuncian, no reconoce ni protege adecuadamente su trabajo.

Las reivindicaciones.

El núcleo de las reivindicaciones médicas es claro. Los facultativos reclaman un Estatuto Marco propio que reconozca las particularidades de su profesión, igual que ocurre con jueces o fiscales. Piden límites razonables a las jornadas, regulación digna de las guardias, reconocimiento laboral efectivo de las horas trabajadas y capacidad de negociación específica para un colectivo cuya responsabilidad resulta decisiva para el funcionamiento del Estado del bienestar.

Respaldo social.

En Ibiza, donde la presión asistencial se multiplica por la insularidad, la falta de vivienda y el elevado coste de vida, la huelga está encontrando un respaldo social significativo. No es casualidad. Los ciudadanos empiezan a comprender que las reivindicaciones de los médicos no son únicamente salariales ni corporativas. Son, sobre todo, una advertencia sobre el deterioro progresivo de la sanidad pública. Muchos pacientes que estos días han pasado por Can Misses han expresado una idea sencilla pero contundente: «si los médicos no están bien, nosotros tampoco estaremos bien atendidos». En este sentido, un facultativo que encadena guardias de 24 horas, que trabaja por encima de los límites razonables de fatiga y cuyas horas extraordinarias ni siquiera computan adecuadamente para su jubilación, difícilmente puede sostener durante años una atención sanitaria de excelencia sin sufrir desgaste físico y emocional.

Sentido común.

Las reivindicaciones de los médicos no son privilegios. Se trata de sentido común. Resulta difícil entender que en pleno siglo XXI continúe normalizándose que un médico pueda trabajar jornadas de hasta 48 horas semanales ampliadas con guardias obligatorias de hasta 17 horas consecutivas. Cualquier ciudadano comprende el riesgo que supone para la calidad asistencial y para la seguridad de los propios pacientes. Ahora debe entenderlo el Gobierno de Pedro Sánchez y Mónica García, ministra de Sanidad.

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