Los responsables de la OCDE no han dudado en calificar de «nubarrones» la perspectiva económica mundial en un horizonte relativamente próximo. Una idea que en España puede hacernos empezar a temblar. Si ya lo dice el refrán, «cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar». Pues bien, en Estados Unidos ya están subiendo los tipos de interés, que se han situado en el tres por ciento -hace un año estaban en el 1%-, y la Reserva Federal anuncia que seguirá en la misma línea, aunque de forma mesurada y gradual, para hacer frente a una inesperada desaceleración económica que todavía nadie se atreve a valorar como recesión.
En Europa las cosas no pintan tan grises, pero tampoco son buenos tiempos para países tradicionalmente muy activos, como Francia, Alemania e Italia, que andan a medio gas. Y la sombra del precio del petróleo empieza a inquietar aquí y allá, con sus efectos en la productividad y en la inflación de esta economía cada día más globalizada que nos hace enfrentarnos a gigantes como China, un poderoso rival para todos.
A pesar de estos indicios, en Europa los tipos de interés parecen, de momento, a salvo de sustos, aunque se prevén a corto plazo. ¿Las consecuencias? Si son, como se espera, ligeras subidas, no harán peligrar el bolsillo de nadie, pero sí que supondrían un toque de atención para nuestros conciudadanos, que se están hipotecando de forma escandalosa a rebufo del incremento brutal del precio de la vivienda, que no cede.
Con estos datos, los expertos creen que el esfuerzo familiar para hacerse con un piso subirá este año del 23 al 27% de la renta disponible y de aquí a 2009 se situará en el 29%, lo que no se considera preocupante.