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Editorial

Certificado de defunción del Pacto Antiterrorrista

Por primera vez, un año después de su ascensión al poder, José Luis Rodríguez Zapatero protagoniza un Debate sobre el Estado de la Nación, con el o Partido Popular enfrente, en los bancos de la oposición. Como ya ocurrió hace unas semanas, con motivo del primer aniversario del Gobierno socialista, el discurso del presidente a la nación ha sido un pormenorizado relato del país de las maravillas, sin el menor atisbo de autocrítica. ¿Puntos a favor? la capacidad demostrada de hacer frente -en unos casos con más fortuna que en otros- a problemas seculares de España: el modelo territorial, el terrorismo en el País Vasco, la discriminación por razón de sexo, la inmigración ilegal, la política exterior y la situación económica. Y no podía faltar el tema de la reforma de los estatutos o la financiación autonómica, con la justa reclamación para Balears de la diputada popular Maria Salom cuando el presidente se refirió a la revisión del sistema catalán. En una especie de remake de la legendaria idea de las dos Españas, el líder de la oposición, Mariano Rajoy, insistió con vehemencia en que la política autonómica de Zapatero llevará al final de la unidad nacional, elevando la tensión al referirse a las víctimas del terrorismo, asegurando que Zapatero había «traicionado a los muertos» con su política. Así se certificaba la mala noticia, anunciada a lo largo de los últimos meses, del fin de un pacto antiterrorista que, hasta ahora, había dado muy buenos resultados.

Al final, como suele ocurrir siempre en estos casos, cada uno de ellos se dirigió a sus adláteres, porque ninguno de los dos discursos -tan polarizados- podía pretender ganarse el apoyo de quienes no estuvieran previamente convencidos. Quizá la ciudadanía de a pie volvió a echar de menos una virtud tradicionalmente muy escasa entre la clase política: la capacidad para bajar a la calle, para caminar al lado de la gente. Faltaron referencias a otros problemas también reales, concretos, quizá pequeños, pero que pesan como losas a las personas que los padecen: paro, precariedad laboral, vivienda, delincuencia, vejez... tal vez lejos de los grandes temas, pero cerca de la realidad.

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