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Opinión / Vicente Juan Segura, obispo de Eivissa y Formentera

La Iglesia ayuda, apoyo y defensa para las familias

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El hombre es un ser familiar. En la historia de cada uno se han ido encarnando relaciones interpersonales como hijo, como hermano, padre o madre, esposo o esposa. Y eso forma parte de la condición humana. Y Dios nos lo enseña con la doctrina y con el ejemplo: cuando Jesucristo, segunda persona de la Trinidad se encarnó en un cuerpo humano y en una familia humana, enseñándonos que ese es el camino para responder a la vocación humana del amor y de la comunión.

La Iglesia, madre y maestra de los pueblos, «columna y fundamente de la verdad», (Cf. 1 Tm 3, 15), recibió de su divino fundador una doble misión, la de engendrar hijos para sí, y la de educarlos y dirigirlos, velando con maternal solicitud por la vida de los individuos y de los pueblos, Así, frente a la crisis sufre hoy la institución matrimonial y familiar, la Iglesia quiere ofrecer soluciones, animando a la esperanza y la seguridad
Para ello el Papa Francisco El 8 de octubre de 2013, el Papa Francisco convocó la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema: “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”. Y el mismo Papa Francisco, en la homilía de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II el pasado 27 de abril, decía: “san Juan Pablo II fue el Papa de la familia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gustado ser recordado, como el Papa de la familia”.

En los años en que serví de cerca de San Juan Pablo II yo experimenté eso que nos ha recordado el Papa Francisco. A Juan Pablo II le fascinaba encontrarse con las familias. Durante su Pontificado la familia ha sido uno de las temáticas en las que ha profundizado, siempre con el espíritu de servir a la humanidad. Viendo la situación actual del mundo, los ataques a la familia dese distintos frentes, ha querido dejar bien claro que la familia es «base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida». Y por ello, ha tratado de implicar a todos los católicos, en especial los casados, a testimoniar la grandeza de la vida conyugal y familiar.

En una época en la que se destruye la noción de matrimonio como la unión, querida por Dios, de un hombre y una mujer para ser padres y madres, viviendo en el amor auténticamente fiel creando hogares donde sea posible el amor reciproco, la muta ayuda y estima, la existencia de las condiciones para el crecimiento y la educación de los hijos, Juan Pablo II, ha desarrollado un autentico magisterio sobre el valor y el significado de la familia. El paso del tiempo nos ayudará a apreciar y valorar debidamente la obra llevada a cabo por este Papa.
Creó en 1981-el mismo día de ser víctima de un atroz y violento atentado- un organismo en la Curia Romana, el Pontificio Consejo para la familia, destinado a la promoción de la pastoral y del apostolado en campo familiar, mediante la aplicación de las enseñanzas y orientaciones del Magisterio eclesiástico para ayudar a las familias cristianas a cumplir su misión educativa y apostólica y también animar, sostener y coordinar las iniciativas en defensa de la vida humana en todos los estadios de su existencia. También la institución de los Encuentros mundiales de familias, llevados a cabo cada tres años, siendo el primero en Roma en 1994, el segundo en Brasil en 1997, el tercero en Roma dentro del Año del Gran Jubileo del 2000 y el cuarto en Filipinas en el año 2004, asistiendo él mismo a los tres primeros, así como los numerosos mensajes a los esposos y a las familias son una acción continua para trasmitir a todos, a los cristianos, a la humanidad entera y ello sin excluir a los que tienen responsabilidad de gobierno y decisión, acerca de los valores de la familia.

Nos ha mostrado también cómo la santidad puede, más aún debe, ser un camino de santidad. Así beatificó primero, en 1994 y después canonizó en mayo de 2004 a Gianna Beretta Molla, madre de familia que a los 39 años renunció a abortar aunque ello le supusiera su muerte; en la canonización decía Juan Pablo II: “fue mensajera sencilla, pero muy significativa, del amor divino. Pocos días antes de su matrimonio, en una carta a su futuro esposo, escribió:”El amor es el sentimiento más hermoso que el Señor ha puesto en el alma de los hombres».

A ejemplo de Cristo, que «habiendo amado a los suyos (...), los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1), esta santa madre de familia se mantuvo heroicamente fiel al compromiso asumido el día de su matrimonio. El sacrificio extremo que coronó su vida testimonia que sólo se realiza a sí mismo quien tiene la valentía de entregarse totalmente a Dios y a los hermanos”. Y el 21 de octubre de 2001 beatificó a un matrimonio, Luis y María Beltrame Quatrocchi, destacando que vivieron una vida ordinaria de modo extraordinario, pues “Estos esposos vivieron, a la luz del Evangelio y con gran intensidad humana, el amor conyugal y el servicio a la vida. Cumplieron con plena responsabilidad la tarea de colaborar con Dios en la procreación, entregándose generosamente a sus hijos para educarlos, guiarlos y orientarlos al descubrimiento de su designio de amor. En este terreno espiritual tan fértil surgieron vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, que demuestran cómo el matrimonio y la virginidad, a partir de sus raíces comunes en el amor esponsal del Señor, están íntimamente unidos y se iluminan recíprocamente (Homilía, 21 de octubre de 2001).

Seguiremos hablando de esto en próximos artículos para favorecer así a las familias de Ibiza y Formentera.

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