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Opinión | Cayetano González

La locura catalana

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El surrealismo al que los partidos independentistas catalanes y sus líderes están sometiendo desde hace tiempo a la política en esa Comunidad Autónoma -ellos hablarían de República Independiente de Cataluña- está alcanzando unos niveles difícilmente imaginables y, desde luego, nada equiparables a los parámetros de una democracia normal.

Ahora resulta que el expresidente huido en Bruselas quiere someterse a la investidura vía telemática, algo inaudito y que no tiene ningún precedente, porque sabe que si pone un pie en España, va a ser detenido y enviado a prisión. Según algunas informaciones, que normalmente salen del entorno del interesado, Puigdemont y los suyos barajan también poner en el Palau de la Generalitat a un «hombre de paja», para administrar los asuntos del día a día, mientras que las cuestiones de mayor calado, serían gobernados y decididos desde Bruselas donde seguiría viviendo el interfecto expresidente Puigdemont. Es decir, una locura.
Mientras, los de la Esquerra Republicana de Cataluña, que de alguna manera fueron los grandes derrotados de las elecciones autonómicas del pasado 21-D, al tener menos votos que la candidatura de Juntos por Cataluña, no renuncian a que su líder, Oriol Junqueras, sea el candidato a la Presidencia de la Generalitat en caso de que Puigdemont no se decida a volver a España y no pueda por tanto ser investido Presidente.

El problema, no menor, que tiene Junqueras es que de momento -en estas horas el Supremo decidirá al respecto- sigue de manera preventiva en la cárcel de Estremera y en cualquier caso, tendrá que someterse dentro de unos meses a un juicio en el que le podría caer una pena importante de años de prisión por varios delitos cometidos cuando era vicepresidente de la Generalitat y uno de los principales impulsores del proceso secesionista.

Si no hubiera sido suficiente la locura en la que ha vivido la política catalana en los últimos años, ahora la sociedad catalana que acudió masivamente a votar el pasado 21-D se encuentra con el hecho de que la mayoría independentista que se reeditó ese día en las urnas tiene muy difícil llegar a formar gobierno y, lo que es más importante, dar estabilidad política e institucional de la que tan necesitada se encuentra Cataluña. Ni la fuga de más de 3.000 empresas, ni los malos datos económicos, como el aumento del paro, conocidos en estos días, parece que vayan a hacer reflexionar a los líderes independentistas atrapados en su propia máquina infernal que pusieron en funcionamiento hace unos años, y que ahora son incapaces de parar o al menos de reconducir. Si de aquí a mediados de febrero nadie es investido Presidente de la Generalitat, habrá repetición de elecciones en la primavera, lo que no asegura ni mucho menos que eso vaya a solucionar algo. Lo dicho, una locura.

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