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Opinión/ Montse Monsalve. Periodista

Carta desde el futuro

| Ibiza |

No dejes de escribir poesías e historias y de dar rienda suelta con tinta a tus pensamientos, porque un día podrás vivir de ellos y te harán inmensamente feliz. No dejes de decir siempre lo que piensas, pero aprende a hacerlo sin herir con tu sinceridad, para que tu principal virtud no sea nunca un defecto.

Sé fiel a lo que sientes y a lo que piensas, porque así respetarás a la gente a la que amas y a ti misma, y dormirás con la conciencia limpia cada noche. No tengas miedo de caerte y salta hacia tus sueños, sortea el pudor y permítete hacer el ridículo en cualquier escenario, desde el más grande al más pequeño, porque solo así destacarás cuando sea preciso, y preséntate a corazón abierto aunque seas rechazada, porque serán tus grandes errores los que te enseñen a crecer, mucho más que tus aciertos.

Canta; hazlo en la ducha, por la calle, en los conciertos y en el trabajo, porque la música es una caricia para el alma que te hará muy feliz, aunque no quieras dedicarte a ello. Del mismo modo pinta, celebra cada Navidad, cada cumpleaños y cada aniversario, invéntate días felices y “sanqueremos” y cocina para los tuyos demostrando que el amor también se come, pero que sobre todo se comparte. Destierra de tu diccionario los “no puedo”, los “no sé”, los “no soy capaz”, o los “no valgo”, porque en esta vida serás lo que quieras ser y aprobarás todos los exámenes a los que te sometas aunque no sea con un sobresaliente. Perdona con honestidad y elimina también palabras como “envidia”, “rencor” o “desconfianza”, porque son plantas invasoras que contaminan a las personas para siempre y se hunden sin remedio en sus vidas para impedirles abrazar como toca. Cuando no quieras hacer algo dilo sin mentiras piadosas, pero no permitas que la vagancia se lleve días hermosos y a personas bonitas por falta de esfuerzo.

Despiértate con una sonrisa y duérmete acunándola, porque las personas buenas suelen ser también felices, y la vida es muy corta como para malgastarla entre enfados y malas caras. Recuerda que la familia, la amistad y el amor serán los mayores tesoros de tu reino y que esa es la riqueza que merecerá la pena atesorar con fuerza. Gasta el dinero que consigas en aquello que te haga feliz y viaja, bébete el mundo, la cultura y la historia de miles de lugares dejando que tus ojos los conozcan en primera persona. No seas como los demás, no busques pasar desapercibida y sé tú misma, aunque no todos te entiendan y a pesar de que algunas veces te pesará demasiado la armadura de quimeras y de libros con la que te vistes, porque mañana estarás orgullosa de la forma en la que derribaste molinos y ganaste pulsos a gigantes.

Búscate, rétate y encuéntrate. No te cases con ninguna ideología o tribu y aprende de todas para acomodarte en lo mejor de ellas. Cambia de casa pero no de hogar, acepta las oportunidades que te brinde la vida y recuerda que, si alguna no te llena, siempre podrás volver sobre tus pasos, pero no dejes de andar por falsas cautelas que no son sino viejos miedos.

Diviértete sin perder de vista las cosas que son importantes y crece respetando a la niña que te habitará siempre, aprendiendo a controlar también a la adolescente que te retará a no saber envejecer a tiempo.

Te evoco sentada en tu habitación, tecleando con fuerza un cuento en el que tú eres la protagonista e imaginándote de mayor: periodista y columnista. Te ves con un gran perro como vigía, con el mejor amigo como compañero de aventuras, en una casa con piscina y sin cortarte el pelo como señal de rebeldía. No entiendes por qué todas las señoras renuncian a partir de los 40 a esa fuerza. A ti, a esa chica que puedo incluso oler si cierro fuerte los ojos, te dedico esta carta para que se cuele en tus sueños y te sirva de mapa con el que seguir viviendo a tu manera.

Siento ser una espóiler. Tranquila, ya aprenderás esta palabra en el futuro. Pero te avanzo que todo lo que soñabas se ha cumplido. He de confesarte que también te han golpeado con saña tus grandes temores: las rupturas, el dolor extremo y la muerte; pero no temas ni cambies, incluso las guerras pasan, se aprende a vivir con ellas y te enseñarán a ser mejor y a apreciar cada día el poder de esas sonrisas.

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