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Opinión

Domingo 22 T.O. (Lc.14,1-7-14)

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Jesús en el Evangelio nos ha dicho que la humildad es necesaria para agradar a Dios. El Señor quiere que aprendamos de Él a ser humildes y sencillos. Aprended de Mí, dice el Señor, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis paz para vuestras almas. Jesús pone de relieve las actitudes que observa entre los asistentes al banquete. Insiste en la necesidad de la humildad al reconocer nuestra indignidad para participar en el banquete eterno. Siempre es Dios quien nos asigna el puesto que tengamos en el Reino de los cielos. ¿Qué tienes que no hayas recibido? La vida, la fe, la seguridad que se obtiene al reconocer que es Dios el que nos otorga la salvación.

Todo cristiano debe saber que alcanzaremos la Vida Eterna, no por nuestros propios méritos, sino por el don divino de la gracia. Nunca debemos olvidar esta verdad. Todo el que se ensalza será humillado y él se humilla será enaltecido. El cristiano auténtico vive como una persona corriente que quiere practicar el bien. No busca ni la recompensa humana ni la vanagloria. Lo que debemos buscar, ante todo es, la gloria de Dios, sin pretender otra recompensa que la del Cielo. La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo. (Cat. de la I. Católica núm. 1830). La virtud es una disposición habitual y firme para hacer el bien.

Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: «caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia,, continencia, castidad2( Gal. 5,22-23)

Por la gracia somo templos de Dios. El Espíritu Santo habita en nosotros. Que los cristianos conozcamos y amemos más al Espíritu de Cristo.

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