Magia y religión van tan unidas como rito y símbolo. Y golpean directamente en nuestra conciencia genética, sacudiéndonos de toda duda racional que amenace el gozoso sentimiento espontáneo que nos acerca a la Diosa danzarina y creadora del mundo.
La religión civilizada por la cultura y la pasión civilizada por la cortesía, como bien comprendía el cristiano panteísta George Santayana; también el místico galanteo de los trovadores de todas las épocas a la Dama y el Amor: «La galantería, en un caballero se convierte fácilmente en hidalguía caballeresca, de caballero andante, y la hidalguía en religión». Misericordia, valor y honor van de la mano.
Roma ha alcanzado en miles de años la elegante y sabia serenidad de una dama con mucha experiencia y es bálsamo y belleza para almas y cuerpos. Me cuentan que en el funeral de Francisco el Espíritu Santo (en griego clásico es femenino) alentó el encuentro entre Trump y Zelenski; o tal vez fueran las instrucciones póstumas de obligado cumplimiento del Papa porteño, o quizás la magistral jugada de la diplomacia del Vaticano, que atesora el mejor servicio de información y espionaje del mundo. En cualquier caso fue un encuentro armonioso, que buena falta hacía.
El funeral de Francisco fue impresionante, emotivo, solemne y hermoso. Fondo y forma van mejor juntos, como la cultura y la alegría, el viaje y el encuentro. Y la Iglesia que evoluciona junto al hombre y se mantiene como luminoso faro en las noches oscuras del alma. Y el rito y el símbolo que hipnotizan. Y el mensaje de Amor que fascina como Carmen encanta.