La inmensa mayoría de la gente que me rodea pone cara rara cuando digo que me encanta Bad Bunny. Sueltan alegremente: «Necesita un logopeda, jajaja». La verdad, mejor un logopeda que un ejército de terapeutas.
El conejo malo tiene una canción para cada estado de ánimo. ¿Quieres fiesta con los colegas de toda la vida? Café con ron.¿Sientes nostalgia de aquella Ibiza que casi ninguno hemos vivido pero que nos han dicho que hemos de echar de menos? Turista o Lo que le pasó a Hawai. ¿No te quieres ir de la isla aunque la falta de vivienda y los sueldos indecentemente bajos te echen? La mudanza o El apagón. ¿Crees que él (o ella) es el amor de tu vida? Baile inolvidable. Para el día que te sientes diosa total, Voy a llevarte pa’PR o EoO. Y si la lucha contra la violencia de género es lo tuyo, ahí está Andrea.
Benito Antonio Martínez Ocasio, por otro lado, ha hecho algo enorme con su último disco, DtMF, un homenaje a la puertorriqueñidad que ha puesto la Isla del Encanto en el centro. Millones de personas en el mundo saben hoy gracias a él lo que es el pitorro de coco, lo que significa beberse un galón, quién fue Eugenio María de Hostos o que desde el huracán María de 2017 y por culpa de la corrupción los boricuas sufren apagones continuos.
Ese tipo del que tanto se ríen algunos, logró movilizar en 2019, junto a Residente y Ricky Martin, a los jóvenes de Puerto Rico para forzar la dimisión del corrupto Ricardo Roselló. Y es un acérrimo defensor del español en una sociedad en la que, sin el inglés, estás perdido. Aquello sí que es un atentado contra la identidad y no lo que dicen sufrir aquí los supremacistas.
Ojalá hoy un Bad Bunny en un país, el nuestro, gobernado por sátrapas, que han usado el dinero de todos para llenarse los bolsillos y financiar bacanales mientras tú haces malabares para llegar a fin de mes. Dale, mami, pégate, vírate…