En San Antonio de Portmany las inglesas ya no quieren ligar con los nativos. Por supuesto que hay una minoría educada y con mundo más allá del hooligan que siempre querrá ampliar sus horizontes carnales; pero la dominante realidad actual es que el mestizaje anglo-pitiuso, que tan buenos frutos dio hace unas décadas, ya es casi inexistente.
Los indígenas paseamos por el luminoso Portmany y observamos las manadas británicas con la misma sensación que una fabulosa apsara tántrica en el Raj era ignorada por los brutos oficiales victorianos. ¡Qué desperdicio! Han vuelto los guettos y el coqueteo con la inglesa está prácticamente extinguido. ¿Será una cuestión musical? Lo digo porque en la era de los Beatles y ese gozoso milagro musical de los años 60, el encamarse libremente entre diferentes razas era de lo más natural. Eso me aseguran los sospechosos habituales de la tertulia en es Clot, que cantan sus conquistas con las suecas, noruegas, alemanas…y sí, también inglesas que deseaban probar algo más allá del pudding de Yorkshire. Where have all the flowers gone?
La otra parte dominante es la mora y, pese a su estancia de tantos siglos hasta la conquista del Rey de Aragón, salvo magníficas excepciones, deslumbrantes gacelas del desierto, tampoco guardan demasiado contacto con los nativos. ¿Qué diría ese amoroso cantor sufí del vino de las Pitiusas que fue Al Sabini?
Los guettos son aburridos y necesitamos más diversidad, sirena del mundo. Por eso celebramos la presencia latina, mademoiselles, ragazzas y especialmente esas maravillas de la Hispanidad, que siempre ha sido la tribu cosmopolita más ardiente a la hora de encamarse alegremente. ¿Qué seríamos sin el glorioso mestizaje? Simples bárbaros de tendencia chovinista. Tal vez todo sea cuestión de ritmo y hay que regresar a la música auténtica.