Muchos son los problemas que afronta nuestra isla y desafortunadamente no vemos el interés suficiente por parte de nuestras administraciones para trabajar con seriedad en su pronta resolución. Ello a pesar que desde todos los partidos políticos que sucesivamente van ocupando los diversos gobiernos locales y autonómicos, vienen mostrando en público una supuesta preocupación y todos ellos anuncian en su momento sus soluciones mágicas que van a permitir superarlos. Pero lo cierto es que a día de hoy dichos problemas no se han sabido resolver y contrariamente a todo lo que se dijo en su momento, todo ha ido agravándose.
De todas las críticas situaciones que se ciernen a diario sobre nuestra isla, creo que hay dos, que por su importancia y gravedad merecen ser destacadas. Una es la del acceso a la vivienda, de la que ya se han escrito auténticos ríos de tinta y dado que no se ve solución a corto plazo, habrá que seguir escribiendo mucho más todavía y la otra, es la de la gestión del agua como elemento imprescindible para la subsistencia de cualquier actividad, ya sea pública o privada, en Eivissa.
Y es en esta última en la que quiero centrarme en el día de hoy. El agua es un bien imprescindible y fundamental para la subsistencia humana, pero cuyo uso no se ciñe exclusivamente a esa función básica que permite la subsistencia de los seres vivos. En realidad este preciado líquido cumple otras muchas funciones directamente ligadas a nuestra actividad cotidiana. Se viene utilizando en los procesos industriales, en numerosas actividades comerciales y lúdicas, en la agricultura o en el deporte, entre otras muchas.
Sobra decir que en una isla como la nuestra, en la que la principal actividad económica es la industria turística, el agua es un elemento absolutamente crucial para que dicha industria pueda seguir desarrollándose. Señalar por todo ello que esta es una cuestión que merece un tratamiento prioritario, tanto por parte de quienes tienen la responsabilidad de gestionar el agua, como por parte de quienes están en la oposición en cada momento. De nuevo estamos ante un problema realmente grave y crucial tanto para el presente como para el futuro y por tanto no puede este ser un tema de partido que jamás acaba de resolverse.
Como en otras cuestiones, en esta también se escenifica claramente la incapacidad pública de afrontar la preocupante situación de forma conjunta, aceptando la gravedad real del problema y la importancia de trabajar unidos para evitar un dramático final. Es este un tema crucial, sin agua no hay vida ni actividad de ningún tipo. Van surgiendo propuestas de un bando y del otro, que si es necesario el control de los pozos, o que si urge la construcción de una nueva planta desalinizadora.
Lo cierto es que no se afronta la realidad de la situación ya que nos encontramos en uno de los peores momentos de la situación de nuestras reservas hídricas en los acuíferos subterráneos y con las tres plantas desalinizadoras en sus máximos de producción. No es suficiente decir que se crea una Conselleria de la Mar i del Cicle de l’Aigua y pretender que con ello ya está todo solucionado. Hace falta dotar a este órgano público de gestión, de los recursos suficientes para afrontar el reto de resolver el grave problema que ya tenemos.
De la capacidad de poder disponer de una cantidad de agua suficiente para la población residente y para toda la industria turística de la que subsistimos, depende nuestro futuro más inmediato. Hay que actuar con la decisión y la contundencia necesarias ya. Del turismo dependemos todos los que aquí residimos y muchos trabajadores que cada año vienen de la península durante la temporada estival; por ello se debería saber ver la necesidad de priorizar aquello que resulta imprescindible para el mantenimiento de dicha actividad turística, es decir la gestión del agua y un correcto abastecimiento para ello.
Por lo tanto, parece claro que la inversión prioritaria debería hacerse en la correcta gestión del citado recurso y el correcto mantenimiento de la red de distribución. No olvidemos que en nuestras islas se cobra el denominado Impuesto de Turismo Sostenible y que no debería haber otra prioridad a la hora de invertir lo que se recauda, que hacerlo en aquello que garantice que nuestra industria turística sea ante todo sostenible. Hay que recordar que producir agua desalada resulta altamente costoso y que según los últimos datos ofrecidos por los expertos, se pierde en las diversas líneas de abastecimiento la misma cantidad que produce la planta desalinizadora de Santa Eulalia. Tenemos tres plantas y lo que produce una de ellas se pierde en la red. Es realmente trágico. También parece clara la necesidad de invertir mucho más en la depuración de las aguas recogidas, a fin de poder reutilizarlas convenientemente.
En resumen, que no existe nada más importante en que invertir lo recaudado con el citado impuesto, que en las infraestructuras necesarias para garantizar el correcto abastecimiento de agua en nuestra isla. Sin olvidar la promesa incumplida por todos los partidos, del traspaso de la gestión del agua al Consell Insular.