La tormenta del pasado 30 de septiembre, con una descarga de lluvia histórica, anegó calles, plazas, viviendas, aparcamientos, almacenes, trasteros, vehículos y negocios de muchos ciudadanos. Una vez más, la fuerza de la naturaleza nos recordó que hay que estar preparados para los fenómenos atmosféricos adversos, cada vez más intensos y frecuentes.
También nos demostró que el urbanismo y las infraestructuras deben prever tales contingencias, de forma que se minimice el daño en la medida de lo posible. Pero seamos honestos, no siempre se han hecho las cosas como es debido.
Todos sabemos que cada vez que caen cuatro gotas, el agua se acumula en las calles de es Pratet de Vila y de Platja d’en Bossa, por citar sólo dos ejemplos. Antes de que se construyera el tanque de tormentas en el puerto de Vila, las aguas fecales junto a las pluviales desbordaban por el alcantarillado de la ciudad, ofreciendo una estampa incalificable durante años. Así que el problema, viene de lejos.
RESPUESTA EJEMPLAR
En la fase de emergencia, hay que reconocerlo, la respuesta fue ejemplar: cuerpos de seguridad, servicios de emergencias, ayuntamientos, Consell d’Eivissa, Govern balear y Gobierno central, a través del delegado en Baleares, actuaron con rapidez y coordinación. Las autoridades se pusieron las botas —literalmente— y estuvieron sobre el terreno desde el minuto uno. Fue la demostración de que, cuando se deja a un lado la trinchera partidista, las cosas funcionan.
Pero pasada la tormenta, llega el ruido. En la fase de postemergencia —la que toca ahora—, el peligro no es ya el agua, sino el politiqueo. Los primeros gestos apuntan a que algunos no resistirán la tentación de utilizar el desastre como munición electoral. Y eso, en una isla que aún está secando sus heridas, resulta un tanto mezquino.
AYUDAS ECONÓMICAS
El secretario general de la FSE-PSOE, Vicent Roselló, ha propuesto la creación de una oficina de atención a los afectados. Se trata de una buena idea. Una ventanilla única para simplificar trámites y evitar el exceso de burocracia, agilizará las ayudas.
Sin embargo, comete un error cuando tras una propuesta positiva, aprovecha la circunstancia para calzar una crítica política contra el Govern de Marga Prohens, en relación al proceso de regularización de construcciones en rústico ya prescritas. Mezclar la tragedia de las inundaciones con una medida legal que nada tiene que ver con el asunto, es oportunista. ¿Acaso si no se hubiese abierto la posibilidad de legalizar esas construcciones sobre las que no se puede actuar, no hubiera habido inundaciones?
En esta materia, como en tantas otras, convendría dejar la demagogia a un lado. Buscar ahora un culpable entre administraciones o partidos no ayudará a nadie. Lo que sí ayudaría sería un pacto insular, serio y transparente, para aprobar un plan de ayudas a los damnificados. Y a la vez, prever las inversiones necesarias para evitar catástrofes similares, con actuaciones concretas, calendario y recursos.
La respuesta en la fase de emergencia debería servir a los partidos de guía en esta nueva fase. La unidad y la coordinación salvó vidas, evitó males mayores y permitió recobrar la normalidad en pocos días. Mantener esa unidad —sin discursos demagógicos ni oportunismo político— es la mejor forma de reconstruir lo dañado y de preparar Ibiza para un futuro sin calles anegadas.
No sé si es error suyo o el error es del medio de comunicación a la hora de titular su artículo. Falta una preposición. Plumilla y panfleto...