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La ruta

Fiesta | Foto: Pixabay

| Ibiza |

En la costa levantina, en la estrecha carretera que une la capital del Turia con la población de Cullera, tuvo lugar el nacimiento del primer y mayor movimiento discotequero que ha conocido nuestro país.

Corrían los años ochenta cuando salas como Barraca, Spook Factory, Chocolate, Espiral, Puzzle, NOD o ACTV reunían cada fin de semana en sesiones interminables a miles de jóvenes que, procedentes de todos los rincones del territorio nacional, recorrían la bautizada como Ruta Destroy para divertirse en la pista de baile al son de la mejor música electrónica. Pero lo que discurrió durante años en un ambiente desinhibido de libertad, cordialidad y tolerancia comenzó a enrarecerse con el paso del tiempo y el progresivo aumento del consumo de drogas y alcohol, lo que derivó en un clima más hostil lleno de peleas violentas y de accidentes mortales en las carreteras. Fue entonces, entrados ya los años noventa, cuando la presión social, mediática y política espoleó el despliegue de importantes controles policiales que, a la postre, propiciaron la desaparición definitiva de un movimiento que dejó tras de sí múltiples tragedias que marcaron para siempre a toda una generación.

El nexo de unión durante aquellos años entre Valencia e Ibiza era evidente. Muchos de los asiduos a esas fiestas visitaban la isla en verano, también bajo los efectos de las mismas sustancias psicotrópicas, para continuar disfrutando de la música en míticas salas como KU o Amnesia. Fue el inicio del declive valenciano lo que precisamente terminó de dar alas al nuevo filón ibicenco, caracterizado antaño por un ambiente apacible y amable repleto de libertad y de tolerancia. Desde entonces Ibiza constituye indiscutiblemente el epicentro del ocio nocturno mundial, donde cada año acuden en peregrinación legiones de clubbers llegados de todos los rincones del planeta para disfrutar de los espectáculos más novedosos y vanguardistas y bailar al ritmo de los más afamados disc jockeys. Es un lugar único en el que la fiesta parece nunca tener fin. O tal vez sí, porque ya decía Mark Twain que «la historia no se repite, pero a menudo rima».

Y es que el ocio nocturno en nuestra isla, convertida cada vez más en un destino turístico de excesivos excesos, también trae consigo el desorbitado consumo de todo tipo de drogas junto a la ingesta de bebidas alcohólicas de alta graduación, lo que unido a la ausencia de efectivos policiales suficientes para llevar a cabo un exhaustivo control del desmedido tránsito rodado que en tales circunstancias nos circunda, conlleva que sean constantes las ocasiones en que conductores bajo los efectos de esas sustancias ocasionan graves lesiones o incluso la muerte de inocentes conductores, meros ciclistas o desvalidos transeúntes. Producido este tipo de hechos delictivos, y tras las oportunas pesquisas policiales, la maquinaria judicial se pone en marcha a través de los cauces legalmente previstos. Pero, dado que las actuaciones procesales penales resultan desconocidas por la amplia mayoría del público en general, es relativamente habitual que se lancen proclamas populistas, erróneas o inexactas sobre su tramitación que tan solo contribuyen a aumentar la enorme alarma social que estos hechos provocan en la población y que resulta necesario precisar.

Y es que existe una importante confusión entre lo que constituye el proceso principal y lo que son medidas cautelares tendentes exclusivamente a garantizar la efectividad de aquel, no guardando relación alguna éstas últimas con la culpabilidad o inocencia que pueda llegar a declararse en el proceso. La comisión del ilícito penal dará lugar al inicio de la correspondiente investigación judicial que finalizará, por lo general, con la condena impuesta al autor a la pena prevista en el Código Penal para el tipo delictivo de que se trate, lo que tendrá lugar tras el transcurso del tiempo que para ello resulte necesario dependiendo de la complejidad del asunto. Precisamente, es el paso del tiempo que se requiere para tramitar el proceso principal lo que puede motivar la necesidad de adoptar medidas cautelares personales o patrimoniales sobre el presunto autor del delito tendentes a evitar que se frustre el resultado del proceso principal, es decir, a impedir que se utilice ese tiempo para poder abstraerse de la acción de la justicia, ocultar o destruir pruebas o llevar a cabo actuaciones que hagan desaparecer el patrimonio con el que poder responder civilmente por estos actos.

De las distintas medidas cautelares personales existentes la prisión provisional es la más gravosa, por cuanto supone privar al investigado de su derecho a la libertad reconocido constitucionalmente. Por ello, su adopción es excepcionalísima y tendrá lugar tan solo cuando no pueda acordarse otra medida cautelar menos perjudicial, pero igualmente efectiva para satisfacer su finalidad. En consecuencia, resulta absolutamente inviable que exista un criterio único, uniforme y homogéneo consistente en el típico café para todos, debiendo recordar que el hecho de que no se adopte la medida cautelar de prisión provisional en este u otro tipo de delitos no significa que los hechos vayan a quedar impunes o que se sea más o menos benevolente. Se trata tan solo de una garantía, no de una sanción. Así es como lo ha querido configurar el legislador, que es el encargado de elaborar las leyes, no quien exclusivamente se limita a aplicarlas. Téngalo en cuenta a la hora de cargar sus tintas.

Pero lo más preocupante de esta situación es que sistemáticamente cada verano se repiten los mismos indeseables y trágicos siniestros en nuestras carreteras que aumentan de forma evidente el paralelismo con la situación que abocó a la desaparición de la conocida comúnmente como ruta del bakalao. Si no se adoptan pronto medidas contundentes para controlar todos estos desmanes veraniegos al volante es probable que pronto acabemos cantando, como Chimo Bayo, aquel famoso artista y gurú de la movida valenciana, eso de «Oigo un sonido a través de la ventana y cuando me asomo ya no queda nada. La destrucción va a llegar, así que todos a gritar: bombas, bombas, ¿qué pasa?».

1 comentario

user Ángel Torres | Hace 3 meses

Genial, como siempre aquí importamos lo peor de cada sitio.

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