Corría 1999 cuando el socialista Francesc Antich llegaba a la presidencia del Govern balear con un lema que, en teoría, iba a dirigir la acción de gobierno de la izquierda: Quatre Illes, un país, cap frontera. A la izquierda siempre se le ha dado de miedo lo de manipular el lenguaje y los sentimientos. Lo llevan en el ADN. Y por eso decepcionan tanto como lo hacen cada vez que tocan poder.
Recordé el lema de Antich este martes, mientras veía cómo en el Parlament esa misma izquierda se rasgaba las vestiduras (de forma aparente) porque Ibiza podrá trasladar sus basuras a la incineradora de Tirme, en Mallorca, mientras encuentra una solución definitiva al problema de la gestión de los residuos. No lo hará gratis porque el Govern pagará al Consell mallorquín 50 millones de euros en 10 años para quemar las basuras ibicencas.
Entre grandes aspavientos, el socialista Llorenç Pou arremetió contra el presidente del Consell ibicenco y también diputado autonómico, Vicent Marí. De todo lo que dijo, solo le doy la razón en una cosa: hubiera estado bien que Marí defendiera ante la Cámara esta decisión. Más que nada para que explicara por qué Mallorca está obligada a ayudar a una Ibiza que durante demasiados años ha estado en el vagón de cola para los gobiernos de personajes como Pou. El paso de Armengol por la presidencia autonómica fue especialmente lesivo para esta isla. Y eso es algo que conviene recordar cada vez que pueda y allí donde se pueda. Del resto de supuestos progres que intervinieron para mostrarse como los ofendiditos habituales, nada se puede decir. Escenificaron el rechazo con los blablablas de siempre. Nada nuevo y, como suele ser habitual, terriblemente aburrido.
Tenemos por fin decreto. Y ahora solo falta que en el Consell se pongan también las pilas para solucionar de una vez por todas el problema del vertedero. No hacen falta 10 años para hacerlo. No le den la razón a estos progres de cartón.