Pese a tanto progre nostálgico de la bota comunista entregado a los negocios capitalistas, Venezuela merece vivir en democracia. El maduro tirano del chándal, aconsejado por el nefasto ZP, nunca tuvo intención de respetar los resultados electorales, y el autócrata monclovita no felicitó a la Nobel María Corina Machado. Patanes y dictadores no gustan de mujeres valientes.
Es revelador que ZP mandase F16 a Libia cuando el Nobel preventivo, Obama, manejó como marionetas a Cameron y Sarkozy para liquidar a Gadafi (ahora las 22 tribus se plantean seriamente poner en el poder a su hijo Saif), pero no quiere ni pensar en un cambio de régimen en Venezuela. Cuestión de bolívares I presume.
The Donald, césar del imperio yanqui, interviene explosivamente en la hermosa Venezuela, tierra famosa por las bellezas que alumbra, literatura, ron y el petróleo que mana. ¿Lo ha hecho por amor a la libertad o al oro negro? El riesgo es tremendo, las esperanzas enormes y la intelligentsia cubana está que trina. «América para los americanos, pero mandando nosotros», viene a decir la doctrina Monroe que dicta USA. Poco después se inventaron el casus belli del Maine y declararon la guerra a España en 1898 para quitarnos Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Fue el explorador renacentista, Américo Vespucci quien bautizó a Venezuela. Y escribió sobre sus bellísimas nativas, las Venus de Cobre, desnudas y sensuales como su prima Simonetta retratada por Botticelli: «Rojiza la piel, de cuerpo elegante, gracioso, bien proporcionado. No hay arruga, no hay gordura que las deforme. Los hombres no son celosos. Ellas, lujuriosas y de insaciable liviandad, manifestáronse sobradamente aficionadas a nosotros…». Lo acojonante es que ZP prefiera a Delcy.