Los primeros seres humanos y sus grandes civilizaciones surgen en África. El imperio Hitita, Asirios, Mesopotamia, o Egipto lo prueban. Pero Grecia, Roma, y el código moral de un rabino construyen Occidente, logrando cotas máximas en desarrollo y bienestar global no solo en ciencia sino también en derechos humanos, civiles y sociales. Y no por arte de magia: son el esforzado regalo asimismo de sociedades prósperas. Si naces en el polo o en Tahití no tienes derecho a nada, quizás ni a la vida.
Vivimos engañados desde el mito de la revolución francesa, el humanismo ciudadano y el ‘sufragio universal’, tras guillotinar 20.000 franceses y asesinar 300.000 cristianos en La Vendée.
En la democracia griega votaba el ciudadano, condición que adquiere quien como griego contribuia al sostén social, del mismo modo que en tu comunidad de vecinos no vota quien no está al corriente de pago.
Nuestros ‘progres’ regalan la ciudadanía a cientos de miles de africanos, sus nuevos votantes, hablando de derechos universales, aunque la utopía no se sostenga: no hay dinero, estamos arruinados.
España vive dopada con deuda eterna que alguien reclamará.
Batimos récords: 1.700.000.000.000 de euros gracias al rey midas Sánchez y sus borrachos adictos al dinero público que pagarán tus nietos. Podemos, Izquierda Unida, golpistas catalanes y ETA ven estrellarse trenes desde ministerios corruptos, o el ‘qué más da’ (igual-da). Prometen defender a mujeres mientras sueltan violadores, ocultando babosos ‘macho alfa’. Cuando Sànchez tomó el poder debíamos 900.000 millones de euros.
«Viva el vino» y que pague el siguiente. Pero ese, estúpido español, siempre eres tú.
Vender derechos universales es bonito, pero no gratuito. Sin prosperidad no hay derechos ni servicios sociales y perder esa perspectiva precipita al suicidio. Quienes venden farsas atacando la propiedad privada colapsaron naciones. Nadie huyo del Berlín occidental al comunista tras caer el «muro antifascista». Los Chavistas se mudan a Madrid o Miami.
«En cada generación hay un selecto grupo de idiotas universitarios, vendiendo que el experimento socialista no funcionó porque no lo intentan ellos». Es la falacia socialdemócrata - socialismo travestido con túnica griega (escuela de Fráncfort, años 60) - hoy marxismo cultural o ideología woke: demoler la sociedad burguesa. Marcuse o Sartre, Simone de Beauvoir o Valerie Solanas practicaron y teorizaron normalizar la pedofilia, o exterminar al hombre (manifiesto SCUM - society of cuttin men - por la eliminación del hombre - «machete al machote» - «hetero muerto, abono para mi huerto»), eslóganes podemitas de odio y envidia sexual, la «lucha de sexos» tras fracasar la «lucha de clases» ante la prosperidad capitalista, pervirtiendo también niños.
Divorcio y aborto, pedofilia y transexualidad, inmigrante frente a nacional, mejor maricón que machote, relativismo moral. El hombre elige su sexo violando la ley natural. Cualquier forense confirmará analizando sus genes que nació y murió hombre a su pesar.
Esta perversión social comete genocidios, como 100.000 asesinatos al año de niños en gestación sólo en España, y los anticonceptivos se regalan.
El desastre relativista que justifica la inmigración descontrolada, logró 150 millones de neonatos sacrificados en el altar progresista, mientras la ONU y Bruselas promueven invasiones de hombres que odian Occidente, no saben ni respetan nuestra mujeres, leyes o costumbres, exigiendo respeto a las suyas desde el abrazo ‘progre’.
«El marxismo cultural logró normalizar que tus hijos los cuide una guardería, tus abuelos un geriátrico, mientras paseas un perro». Este mundo al que nos abocan será hostil con homosexuales y mujeres que blanquean el terrorismo de Hamás o los sicarios de ETA tras descuartizar y quemar vivos a casi 1.000 españoles, animalistas que odian el toreo mientras te hablan de Franco, blanqueando a Stalin o Txapote.
Culpan nuestro pasado medieval por traficar dos millones de africanos hacia Ámérica, quienes blanquean el tráfico de africanos por ONG que los recogen de las mismas mafias africanas que los esclavizaban y vendían en el medievo, 16 millones de europeos fueron vendidos en Trípoli, Oran o Córdoba. Preguntad a Cervantes. El mundo era así.
Un discurso indigenista / marxista que llama genocida o racista a España por no dejarte invadir - -50 millones ya en Europa - aunque en Norteamérica subsisten cuatro indios vivos.
Apenas 100.000 españoles en cuatro siglos migraron a los virreinatos donde se mezclaron, edificando con ellos universidades y acueductos, hospitales, colegios y catedrales, con el oro extraído, que allí quedó, a España solo venía el quinto Real.
¿Expolio de qué?
¿Racismo de qué?
No importa la verdad, destruyamos el occidente burgués y la hispanidad.
Cada iglesia que arde continúa la revolución francesa emulada por los rojos en la II República. «No te matarán por fascista, te llamarán fascista para poder matarte».
Vaya batiburrillo de temas sin sentido y mal redactado. Sólo le ha faltado hablar de Arbeloa, el festival de Benidorm y exaltar a su abuelo.