El 24 de junio de 2021 es una fecha que esta familia de Ibiza difícilmente olvidará. Lo que comenzó como una visita a Urgencias en plena pandemia acabó convirtiéndose en el inicio de un camino marcado por el miedo, la incertidumbre y la lucha. Ese día, tras varias pruebas, los médicos del Hospital Son Espases confirmaron que Abril, que entonces tenía apenas 21 meses, padecía un tumor maligno en la zona del coxis.
«Se para el mundo tras el diagnóstico», recuerdan sus padres al rememorar uno de los momentos más duros de sus vidas. Hoy, años después de esta noticia, Abril tiene seis años, va al colegio, practica gimnasia rítmica y disfruta de las manualidades. Su historia es también la de una familia que tuvo que dejarlo todo durante meses para centrarse únicamente en la salud de su hija, y que encontró en el acompañamiento y el apoyo social de la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de Baleares (Aspanob) una pieza fundamental para superar una etapa que cambió sus vidas por completo.
El cáncer infantil abarca múltiples tipologías. Las leucemias linfoblásticas son las más frecuentes, seguidas de los tumores del sistema nervioso central. Sin embargo, el caso de Abril fue distinto. Lo que inicialmente parecía un problema común en la infancia – estreñimiento persistente y retención de orina – terminó siendo algo mucho más grave. «Tenía estreñimiento, algo tan habitual en los niños, y por las noches se rascaba mucho la espalda. No tenía fiebre ni síntomas muy claros», explican sus padres a Periódico de Ibiza y Formentera. Durante un tiempo, los especialistas no encontraron nada alarmante.
«Es muy difícil para un pediatra diagnosticar algo así. Nosotros también fuimos a otro pediatra de confianza, y nos dijo que podía ser una asimetría del cuerpo», recuerda Alicia Cardona, madre de Abril.
No obstante, la intuición de los padres pesaba. Tras insistir, finalmente le realizaron una ecografía. El resultado lo cambió todo. «Nos dijeron que tenía un tumor. Al principio se pensaba que podía ser un teratoma, que normalmente son benignos, pero en su caso era maligno», relata. Un marcador tumoral detectado en sangre, con niveles muy elevados, confirmó el diagnóstico.
A partir de ese momento comenzó una lucha incansable contra el cáncer. Por el tamaño del tumor, los médicos decidieron iniciar primero un tratamiento de quimioterapia para reducirlo. Después llegó la cirugía, y más tarde nuevas sesiones de quimioterapia para eliminar posibles restos de células cancerígenas. En total, fueron ocho meses de tratamiento en el Hospital Son Espases.
Desplazamiento
La familia tuvo que trasladarse a Mallorca durante todo ese tiempo. En Ibiza no hay oncología pediátrica, y aunque eso implica desplazamientos y cambios drásticos en el día a día, tanto los padres como desde Aspanob lo agradecen: «Aquí no hay oncólogos infantiles, pero tampoco queremos porque eso significaría que habría muchos más casos en la isla para justificar un servicio así», precisó Carmen Vargas, delegada en Ibiza y Formentera de esta entidad.
«El diagnóstico supuso un auténtico shock»
«El diagnóstico supuso un auténtico shock. El primer sentimiento es miedo. Se paraliza todo», explica la madre. Durante las primeras semanas, la sensación era de incredulidad. «Al principio tienes una coraza, pero llega un momento en que dices: esto acaba de empezar y no sabemos cuánto tiempo amos a estar aquí. No obstante, siempre hay que seguir adelante», apuntan los padres.
El primer ingreso hospitalario de Abril se prolongó durante 25 días. Un mes prácticamente encerrados en una habitación con una niña que todavía era un bebé. «Estás entre cuatro paredes y te sientes solo porque no tienes a tu familia cerca», relata. En Palma contaron con el apoyo de algunos familiares que les ayudaron durante la hospitalización de la pequeña. También recibieron el acompañamiento de Aspanob, que, según indica Alicia, fue clave desde el primer momento. «El primer día vino la psicóloga a conocer a Abril. Es todo muy rápido. Llegas y enseguida te ofrecen ayuda, sin listas de espera», explica. Cabe recordar que esta entidad, con el apoyo del Institut Balear de l’Habitatge (Ibavi), también dispone de viviendas para acoger a las familias durante los tratamientos. Además, proporcionan apoyo psicológico, acompañamiento, voluntariado y servicios pensados para hacer más llevadera la estancia hospitalaria.
Foto: Jésica López.
«En la habitación teníamos una neverita, microondas, televisión… parecen cosas pequeñas, pero hacen mucho», recuerda el padre de Abril. También contaban con voluntarios que pasaban tiempo con la pequeña: «Le contaban cuentos y jugaban con ella. Ese ratito nos permitía salir al pasillo a coger aire y despejar la mente un poco». La asociación también facilitó el contacto con otras familias que habían pasado por experiencias similares. «Nos pusieron en contacto con los padres de un niño que había tenido el mismo tipo de cáncer. Era de Menorca. Para mí fue un apoyo enorme, y a día de hoy seguimos en contacto», destaca Alicia. Durante el tratamiento, la niña apenas pudo relacionarse con otros niños. La prioridad era evitar cualquier infección que pudiera retrasar el proceso. «No conoció ni la escoleta. Estaba aislada. Solo que cogiera un virus podía suponer parar el tratamiento», añade su madre.
En 2022, tras finalizar la quimioterapia, la familia pudo volver definitivamente a Ibiza. Sin embargo, durante meses, tuvieron que desplazarse periódicamente a Palma para revisiones y pruebas de imagen. En esos viajes, Aspanob seguía estando presente. «Siempre nos decían que si necesitábamos pasar la noche, podíamos ir a los pisos. Están pendientes en todo momento», precisa. La vuelta a casa fue otro momento cargado de emociones. «Abres la puerta y todo está como lo dejaste. Pero entonces aterrizas y te das cuenta de todo lo que has vivido», confiesa.
Aun así, el miedo no desaparece del todo: «Siempre está el temor de volver a donde estábamos. Creo que eso les pasa a todas las familias que han pasado por esto». La reincorporación a la vida normal también tuvo sus retos. El regreso al colegio fue especialmente delicado. «Había estado sin contacto con otros niños. Empezó con tres años y era todo nuevo», explica. Incluso las visitas familiares tenían que limitarse durante el tratamiento para evitar riesgos.
Actualmente, la realidad es muy distinta. Abril lleva una vida completamente normal. Va al colegio, disfruta con sus amigas, practica gimnasia rítmica y le encantan las manualidades.
Calendario solidario
Además, se ha convertido en una de las protagonistas del calendario solidario 2026 de Aspanob, una iniciativa que busca dar visibilidad al cáncer infantil y a las familias que lo enfrentan. Sus padres decidieron participar en este proyecto por una razón clara: concienciar y mostrar la importancia del apoyo social. «Hay que dar visibilidad. Mucha gente se pregunta si las ayudas llegan o para qué sirven las asociaciones. Y sí, llegan. Y ayudan muchísimo», aseguran con motivo este domingo del Día Internacional del Cáncer Infantil.
Durante todo el proceso, el acompañamiento psicológico y el apoyo social fueron fundamentales para sostenerles en los momentos más difíciles. «Todo eso marca la diferencia», subrayan. Pese a los momentos de angustia, esta familia ha intentado mantener siempre una actitud positiva. «Todos tenemos nuestros momentos, pero hay que pensar que vamos a salir adelante. Yo siempre decía: de esta vamos a salir», recuerda la madre.
Su historia es, sobre todo, un testimonio de resistencia y esperanza. Un recordatorio de que el cáncer infantil no solo afecta a quien lo padece, sino que transforma por completo la vida de toda la familia. Y también de que, en medio de la incertidumbre, el apoyo humano puede convertirse en un salvavidas imprescindible. Ahora, con la enfermedad atrás y la vida retomando su ritmo, el mensaje que quieren transmitir es claro: seguir luchando, confiar en los profesionales y en las redes de apoyo, y no dejar de mirar hacia adelante.